miércoles, 28 de septiembre de 2016

LA EXPROPIACIÓN DEL PAISAJE

LA TRIBUNA
FEDERICO SORIGUER MÉDICO. MIEMBRO DE LA ACADEMIA MALAGUEÑA DE CIENCIAS
28 septiembre 201610:27
http://www.diariosur.es/opinion/201609/28/expropiacion-paisaje-20160928005639-v.html

El pasado día 14 de septiembre, Salvador Moreno Peralta, escribía un artículo en estas páginas, 'Tópicos urbanísticos' en el que reflexionaba sobre la distancia que hay en urbanismo entre el deseo y la realidad y donde advertía sobre la conveniencia de abandonar los tópicos a la hora de tomar las grandes decisiones que cambian el paisaje urbano. Y es de esto del paisaje de lo que queremos hoy hablar, siguiendo la reflexión de SMP. El paisaje es, junto con el aire que respiramos, la última propiedad verdaderamente comunal. El paisaje que no es, en fin, sino aquello que se alcanza con nuestra mirada, es tan nuestro como nuestra más íntima biografía, porque nuestra biografía está hecha dentro de un paisaje que, de alguna manera, nos determina.
Nací en Cabra de Córdoba al pie de las estribaciones de las sierras de la Subbética que proyectan sobre la ciudad el hermoso paisaje de mi infancia. Siempre hubo canteras de mármol en aquella sierra, pero en los años de desmadre del ladrillo la explotación se hizo tan intensa que obligó a intervenir a la Consejería de Medio Ambiente de Córdoba. Después de años de litigio una decisión judicial obligó a cerrar aquellas canteras, pero la extracción de mármol (altamente demandado entre otras cosas, para las construcciones suntuarias de Oriente Medio) siguió ilegalmente por la noche y durante años. Una noche, en fin, los GEOS, según me han contado, en una operación nocturna, descendieron desde helicópteros y cerraron las canteras. Hay aún otras de arenisca abiertas y cualquiera que vaya por allí verá que entre Cabra y Lucena hay una gran loma que presenta un gigantesco bocado como si un atlante se la hubiera desayunado. En unos pocos años algo que estaba allí desde siempre ha desaparecido, también para siempre. Simplemente se lo han llevado. Pero no estamos aquí sacralizando el paisaje, al menos no es nuestra intención. El paisaje cambia. Lo hace la propia naturaleza sin más ayuda y hoy lo hace con la inestimable ayuda del hombre. A veces incluso para bien. Esto es especialmente válido para el paisaje urbano, que es sin reservas un paisaje humano. Pero el paisaje, ya sea montaraz o urbano no nos pertenece del todo a una sola generación. Nos antecede y nos trasciende. De aquí la enorme responsabilidad cuando intervenimos sobre él. Seguro que la mayoría de los lectores han estado en Sevilla en los últimos años. ¿Les gusta la famosa Torre Pelli? No le gusta a muchos sevillanos, menos a un malagueño de adopción que se acerca todavía acomplejado a la serena belleza de la ciudad de la bética. En Sevilla con la disculpa de hacer algo singular han conseguido romper la singularidad de la ciudad, representada por esa armonía plana de sus edificios carentes de tejas que cobijan a tantos monumentos que han merecido su inclusión como Patrimonio de la Humanidad (ahora en peligro, precisamente, como consecuencia de la construcción de la torre). Ese extraordinario paisaje urbano que nos llevaba con mis amigos estudiantes de arquitectura a contemplar los amaneceres sobre la ciudad desde los hermosos jardines del Colegio Mayor Santa María del Buen Aire en las alturas de Castilleja de Guzmán. ¿Necesitaba Sevilla esa torre? ¿Ha aportado algo a la ciudad? La respuesta es no. De esas torres las hay en cualquier lugar, estéticamente es vulgar y según me dicen lo único que ha conseguido es enredar el tráfico de la zona. Pero lo que sí es seguro es que ha roto la singularidad de aquel paisaje que tanto entusiasmaba a aquellos jóvenes estudiantes de los años sesenta. No es conservadurismo. En la misma Sevilla nos parece un acierto la transformación de la muy céntrica y antigua plaza de la Encarnación con esa extravagante y modernista construcción que es el Metropol-Parasol, popularmente llamado 'Las Setas'. La cuestión es pertinente ahora que se ha propuesto en Málaga la construcción de una gran torre-hotel en el dique de levante. Málaga ha conseguido la urbanización del Puerto con éxito. Las decisiones han sido difíciles pero en general acertadas. De entre todos, el mayor acierto es haber contribuido a que Málaga pueda mirarse a sí misma desde el mar. Y lo que ha visto, le gusta. Ahora imagínense a la Torre Pelli en la bocana del Puerto. Una torre, más alta para que los políticos (los políticos son los que en última instancia toman las decisiones), puedan presumir de tener la torre más grande, pues si imaginamos una interpretación psicoanalítica de la arquitectura institucional toda nueva torre podría ser considerada como una representación (fálica) del tamaño del poder.

¿De verdad Málaga necesita para identificarla en el imaginario universal un hotel en la bocana del puerto que llegue al cielo? Hay derechos humanos de primera, de segunda y de tercera generación. Pero también hay derechos de cuarta generación que son los derechos de especie (de la especie humana). Incluyen la atención a aquellas medidas que garanticen el futuro. Que garanticen no solo la continuidad de la especie sino también su calidad de vida. Uno de ellos no suficientemente desarrollado es el derecho al paisaje. De Sevilla deberíamos aprender muchas cosas. Sobre todo de sus errores. Ni la más que dudosa singularidad ni la rentabilidad, son razones suficientes para un empeño que cambiará el paisaje de la ciudad para siempre. Además, ¡no es de construir la Ópera de la Bahía de Sidney de lo que estamos hablando, que si así fuera habría que pensarlo! No, es de un hotel más, por muy grande y suntuoso que sea y por muy afamado que sea su arquitecto. La desmesura es casi siempre una ordinariez, algo que es la norma en muchos de los proyectos financiados con petrodólares.

martes, 20 de septiembre de 2016

EL AGUAFIESTAS

LA TRIBUNA
FEDERICO SORIGUER
http://www.diariosur.es/opinion/201609/09/aguafiestas-20160909105629.html
9 septiembre 201610:56
¿Qué es España?, se preguntaron una y otra vez Costa, Unamuno, Ortega, Américo Castro, Sánchez de Albornoz. Una nación festiva, esa es mi conclusión. Un país de fiesta y de fiestas. Nacionales, autonómicas, locales, regionales, municipales o de barrio, privadas o públicas, muy antiguas y muy nuevas, tradicionales y no tanto, de invierno, de otoño, de primavera y de verano, sobre todo de verano. Religiosas y laicas. Y así podríamos seguir con esta taxonomía nacional festera que nos une a todos, rojos y azules, gordos y flacos, nacionalistas de aquí y de allí, feos y guapos, hombres y mujeres, ateos y creyentes. Las fiestas como cemento identitario más allá de la política y del destino manifiesto. Un país festivo hasta la extenuación pues para la fiesta el único límite es el del agotamiento. El mundo se puede parar pero la fiesta, la gran fiesta nacional continua, como si fuera posible vivir eternamente fuera de sí. Da igual el motivo. La fiesta, el jolgorio,  la gente en la calle, el ruido, las pasiones del alma  desatadas, las risas, más risas, el alcohol, las drogas, la música, el desenfreno, el ruido, más ruido. La fiesta sin más, único fin en si mismo, el único lugar común donde se sientan en la misma mesa la izquierda y la derecha, los pobres y los ricos, las fulanas y los fulanos. Y sobre todo el ruido, el ruido y la furia de los vándalos, cada vez más presentes.
Da igual que se tire una cabra por el campanario, que se corran hasta la extenuación unos toros, que se bañen en tomate, que se lleve a la imagen sagrada para arriba y para abajo, que se beba y se baile sin freno hasta que el cuerpo aguante. Que se tomen las ciudades durante los días de fiesta, porque la fiesta es de todos dicen, porque la fiesta es sagrada dicen, porque la fiesta pertenece al pueblo, dicen, porque la fiesta es la tradición dicen, porque quienes levantan la ceja con la fiesta, son unos aguafiestas, dicen. Que los que miran con desdén nuestras fiestas, se vayan, dicen, que no nos calienten la cabeza con sus rollos sobre la barbarie y el silencio, que no nos amarguen la vida, pues la fiesta es la vida, que no nos pongan chinas en el zapato que ya tenemos bastante con la china que nos ha tocado. La calle es nuestra, deberían saberlo los aguafiestas. Desde siempre y porque sí. Por tradición, por la santa y bendita tradición, la tradición que sea, que más da si en estos días de fiesta la calle es nuestra, el mundo es nuestro, el país es nuestro. Que todos los días son ya nuestros porque todos los días son fiesta. Que hay penas, fiesta, que estoy alegre, fiesta, que soy pobre, fiesta, que soy rico, fiesta. Fiesta oficial la declaran los egregios políticos, los patricios del pueblo, los tribunos de la plebe. Que hay que disfrazarse, pues te disfrazas, que hay que beber pues se bebe, que hay que gritar, pues se grita, que hay decir tonterías y ordinarieces, pues se dicen. No hay mayor placer que sentirse rodeado de millones de personas que beben, gritan, y festejan juntos. Ni frío ni calor. Ni siento ni padezco, solo disfruto, libero mis energías más elementales, me río, me abrazo con este y con aquel,  con esta y con aquella. Ni me exijo ni me exigen nada salvo que guarde la tradición de la fiesta. La que sea. Perder la compostura manteniendo las posturas. He aquí el secreto de la fiesta.
Así es mi país, mi nación o mi reino. Un reino de este mundo, absolutamente. Si ningún género de duda. Un reino en el que los aguafiestas lo tienen crudo. A beber y a cantar, a vivir y a folgar. Un país que, mientras tanto y desde siempre, ha exilado a todos los aguafiestas que en España han sido, y que han sido muchos más de los que este país festero se merece. Y aquí estamos de resaca, con una monumental y maravillosa resaca, sí, ¡y qué¡ A  quién le importa, si esto es cuestión de un par de días y un alkaseltzer pues hay que reponerse para poder comenzar de nuevo con la garganta rota, con el bolsillo vacío, con la moral por los suelos, con el humor agriado, con la esperanza bajo mínimos, ¡sí, ya lo sé¡ ¡y qué¡, a quién le importa pues lo único que importa es que la fiesta continúe, pues sin fiesta no hay vida, ni cultura, pues  no hay más cultura que  esa cultura que llaman con desprecio, popular y que es festiva o no es popular ni es cultura.
Así que si usted es un aguafiestas, no me venga con monsergas, no me pida que me calle, que baje el volumen de mi voz, que silencie el ruido de los coches locos, porque mi voz, mi ruido, mi locura es la locura del pueblo, del único pueblo posible, aquel que solo tiene voz cuando grita, canta, baila, se emborracha y llora de alegría festiva. No me pida que me calle y váyase, como hicieron sus maestros, como han hecho antes todos los aguafiestas y déjenos aquí con nuestros bailes, con nuestra alegría, con  nuestro ruido, con nuestra furia, con nuestras fiestas y váyase antes de que cambie de opinión y en un momento de embriaguez, como si todos fuéramos una misma persona, una misma alma, un mismo país, pasemos por encima de su palabra, de sus derechos y si hace falta por encima del futuro y de la gloria, pues no hay más futuro que este que se encierra en estas palmas ni más gloria que la que alcanza el placer de la farándula


jueves, 7 de julio de 2016

Maldita memoria


Federico Soriguer
Médico y Miembro de la Academia Malagueña de Ciencias

Un dilema es una situación comprometida en la que hay varias posibilidades de actuación, todas ellas  igualmente buenas o malas. Ante un dilema los argumentos  estrictamente racionales no son suficientes pues, entonces,  no sería un dilema. Son necesarias, además, habilidades de otra naturaleza adquiridas mediante el largo entrenamiento de la vida.  Y es aquí donde la  cultura, entendida como esa memoria  que queda después de haber olvidado todo lo demás, es importante. Una memoria que suele ser el resultado de la experiencia, pues no se puede tener este tipo de memoria si no se ha vivido.  Y lo que ocurre con estas inmediatas elecciones es que ya las hemos vivido.  Maldita memoria.
En la teoría de los juegos el dilema del prisionero es un supuesto teórico en el que dos personas  que han cometido conjuntamente un delito  son detenidas e interrogadas por separado. Las pruebas son circunstanciales y ambas son conminadas a denunciarse mutuamente..  Si ninguno denuncia al otro los dos saldrán libres pues no habrá pruebas, si los dos se denuncian los dos pasaran a la cárcel y si uno lo hace y el otro no, solo uno  irá a la cárcel.
Seguramente para muchos, entre los que me encuentro,  la decisión de votar el próximo día 26, es  una típica decisión dilemática.  Al fin y al cabo: ¿ha cambiado algo que me anime a modificar el sentido de mi voto anterior? Los mismos candidatos, los mismos programas, los mismos partidos, los mismos electores.  Lo único nuevo es no votar, pero como en el dilema del prisionero no votar  es favorecer a la opción a la que  nunca hubiera escogido. El otro día Vicente Romero, el gran periodista,  entrevistado en TV1,  recordaba que  Charles Taylor el sanguinario presidente de Liberia se presentó a las elecciones con el eslogan de: “Maté a tu padre, maté a tu madre y ahora tu me vas a votar a mí”. Vicente Romero  sin citar a ningún partido, hace una traducción blanda de aquel  eslogan poniéndolo en boca de algunos candidatos: “Yo te metí en la crisis, yo no te he sacado de la crisis, y tu ahora, además,  me vas a votar”.  El  argumento es sólido y dejaría fuera del dilema, a los dos partidos que más responsabilidad han tenido en gestionar la crisis.  También quedarían fuera los partido independentistas, porque se están aprovechando de la crisis y contribuyendo con su desvarío  a su consolidación. Nos quedan IU,  UPyD y los dos partidos emergentes..  IU tiene un secretario general tan bien valorado  como incapaz de romper con su  legado comunista. El comunismo es una teoría económica útil aún y una ideología política que ha fracasado allí donde se ha implantado. Aún así los comunistas de hoy aspiran conseguir sus objetivos dentro de las democracias parlamentarias. Una verdadera ucrania. Aún así perseveran en el empeño, obstaculizando a otros partidos de la izquierda socialdemócrata que hace ya mucho rompieron con la vieja utopía y que se han conformado con metas más modestas pero realizables. Así que queda Podemos , UPyD ahora ya fuera del parlamento y Ciudadanos. Podemos se presenta como un partido nuevo y distinto, aunque no le importe ahora acoger en su seno a algunos tan viejos como IU ni tan dañinos como los independentistas.  Tienen el encanto de lo virginal, pero es esa también una de las principales razones para no fiarse de ellos. El país exige cambios importantes, pero no experimentos. No se pueden cometer errores  que nos hagan retroceder años.  En este descarte nos queda Ciudadanos y UPyD, que son partidos que tienen las manos limpias en lo económico y que han mostrado gran energía moral ante el turbio asunto independentista sin caer en el patrioterismo casposo al que otros partidos conservadores nos tienen acostumbrados. Tienen  además a su favor que hay personas muy ilustres, que representan a lo mejor de la inteligencia de este país y que han mostrado su apoyo a estos dos partidos incluso con su generosa militancia. Pero aún así todo esto no parece suficiente para tomar una decisión. Ni siquiera la radical tesis de Vicente Romero,  es suficiente para descartar a los dos partidos mayoritarios pues podríamos ser injustos y poco pragmáticos pues es posible, al menos en teoría que, al menos uno de ellos,   hubiera aprendido la lección. Así que habrá que volver a pensar con nuevos  argumentos.  Al fin y al cabo el voto necesita de una cierta contaminación ideológica. El pragmatismo es una virtud fría. Por eso las categorías izquierda y derecha, como ya lo vio con claridad el viejo Bobio, mal que les pese a algunos, sigue funcionando.  Pero también hoy ya sabemos que salvo para  los fanáticos y para los políticos en tiempo de elecciones, nadie es completamente de derechas, ni completamente de izquierdas, como tampoco es nadie completamente de centro. Lo que hay en las sociedades abiertas son espacios culturales que proceden de un tronco ideológico común, que se han ido ampliando a medida que los sistemas democráticos han ido madurando y es en este espacio donde los electores encuentran en cada momento el partido político que mejor pueda representarlos. Esto se ve mejor cuando te  encuentras con  partidos que aunque adornados con una nueva imagen, entroncan con orígenes, tradiciones e ideologías peligrosas y antidemocráticas que por sí solas deberían ser excluidos de las preferencias de los electores. Y es con estas pocas mimbres con las que el próximo día 26  tenemos que resolver el dilema de a quién votar. Al menos para los que aún creemos que es mejor ir a votar  aunque nos equivoquemos.   
gicas  y políticas imprescindibles para entender el lugar en el que cada uno está en el espectro político, pero, hoy ya lo sabemos, no son categorías morales. Ni tampoco son categorías mutuamente excluyentes. Sí algo sabemos hoy es que la complejidad del mundo no cabe en este binarismo (y mucho menos en el de la más que estúpida alternativa de arriba y abajo que ciertos líderes de la izquierda radical española proponen ahora como alternativa a la izquierda y a la derecha).  Pero no es de ideas de lo que hablan los políticos y menos en la campaña electoral.  La democracia  es  una forma de gestionar las relaciones de poder. La  democracia es  el  territorio donde se rinde culto a  las mayorías. La diversidad se casa mal con la democracia.  La diversidad exige pacto, negociación, renuncia, pragmatismo.  El parlamentarismo es eso, sino es como diría Maturana lenguajeo. En España es urgente una manera no nueva pero si distinta de entender la democracia. Si no es así corremos el riesgo de estar votando eternamente.  

Por favor, un poco de pragmatismo



Federico Soriguer
Médico y miembro de la Academia Malagueña de Ciencias.


Ya estamos otra vez.  Los mismos líderes, los mismos programas, los mismos discursos, las mismas tertulias y tertulianos, los mismos electores.   Aunque algunos creen lo contrario, la lógica dice que con estos antecedentes será muy difícil que haya unos resultados muy distintos a las de las anteriores elecciones. Al comienzo de la primera campaña electoral escribí una tribuna en la que sugería la conveniencia de que hubiera un gran pacto entre el PP y el PSOE.  La irresponsable renuncia del candidato del PP a liderar la formación de un gobierno o al menos intentarlo y la innecesaria, histérica e irrespetuosa  beligerancia  del líder del PSOE contra el líder de la derecha,  la hicieron imposible.  Tampoco, aunque lo intentaron PSOE y Ciudadanos,  fue posible ninguna otra y aquí estamos de nuevo, los mismos líderes, los mismos programas, los mismos discursos, las mismas tertulias y tertulianos, los mismos electores.   ¿Los mismos electores?  Sí, aunque algo mas escaldados.  Porque lo sorprendente es que volveremos a acudir a las urnas en un ejercicio de responsabilidad democrática que deja muy en entredicho la de los  partidos políticos de este país. Porque lo sorprendente es que vaya alguien a votar dándoles así una segunda oportunidad. Porque hay una duda más que razonable de ahora con mimbres parecidas, vayan a ser  capaces de constituir un gobierno y no cualquier gobierno sino uno capaz de gobernar  y no de desgobernar más a este país.  A la vista de todo lo que ha ocurrido en esta ocasión tengo mis dudas de si aquella gran coalición que recomendábamos desde nuestra cómoda posición de elector, sería lo más razonable.  Pero había razones de estrategia internacional pues  parecía muy  importante presentar una única y fuerte presencia política ante Europa, nuestro prestamista y censor, por un lado, y por otro a nivel nacional, como el mejor instrumento para hacer frente al envite separatista catalán, los dos más importantes retos que tiene  nuestro país para garantizar su supervivencia.  Pero había razones tácticas que convenían al PP necesitado de una mano amiga (sí,  amiga aunque viniera de un contrincante político) que le ayudare  a salir de ese pozo oscuro que la corrupción y los  neoliberales más radicales  le han metido. Pero sobre todo me parecía conveniente para un PSOE que tiene que encontrar un espacio de liderazgo entre la izquierda radical y el centro. El PSOE, al contrario que el PP ha hecho un doloroso  camino de reconstrucción interna y de ruptura con las viejas maneras que le contaminaron también con casos de corrupción y de clientelismo (Andalucía sigue siendo una asignatura pendiente),  pero necesita aún   construir una nueva identidad como  partido nacional sin veleidades periféricas   y  como heredero de una gran tradición socialdemócrata  capaz de intervenir con sus pares en Europa  en el cambio urgente e imprescindible en la política social y económica comunitaria.   Pero ni siquiera lo intentaron y la alianza con Ciudadanos fue solo flatus vocis.  Lo que no parece realista es que el PSOE siga intentando convencer a los votante de Podemos e IU de que se trata de la única izquierda posible ni mucho menos de una izquierda radical. Para eso ya están ellos y lo hacen mucho mejor. Ahora,  si se cumplen los pronósticos al PSOE no le quedara más futuro que negociar con Podemos e IU.  Y esto sí que va a ser el abrazo del oso.  Ya hemos visto como en las ciudades donde están gobernando los alcaldes de Podemos no saben aun si correr delante o detrás de su propia guardia municipal.  El radicalismo en política necesita pasar por los sillones parlamentarios o municipales unas cuantas legislaturas.  Es lo que le ocurrió a IU cuya voz quedó silenciada en la penumbra de la mediocritas democrática y de la ley D’Hom y  que ha encontrado ahora en sus nuevos compañeros de viaje de Podemos el oxigeno necesario para reavivar las ascuas de su discurso histórico.  Y no es que no lleven razón en sus denuncias y en sus análisis Podemos e IU. La llevan, claro que la llevan en muchas cosas, porque la indignación no es patrimonio de nadie como no lo es el dolor y  el sufrimiento.  Pero llevar razón no es suficiente. Cristo, Gandhi, llevaban razón y no terminaron muy bien. En el mundo real hay, además, que ser pragmático. Como Mandela. Es por esto que el PSOE perdió una gran oportunidad de reconducir a la derecha y de liderar la regeneración pragmática que una parte importante de este país exige. Porque de esto se trata.  El pragmatismo en nuestra cultura tiene mala prensa.  Se confunde pragmatismo con utilitarismo. Pero este no es más que una desviación de aquel  tal como el leninismo se decía era la enfermedad infantil del marxismo.  Pero ahora que los viejos marxistas vuelven y con razones, a levantar el puño,  habría que desenterrar  a los viejos empiristas escoceses, a los nuevos  pragmatistas americanos,  a los jóvenes economistas y teóricos de la nueva política  y sentarlos alrededor de una mesa para que entre todos nuestros dirigentes y su inteligencia asesora,  si es que existe, recuperen  el sentido de la medida. Una medida que una derecha agotada y rancia, una socialdemocracia desnortada y una nueva izquierda que  parece haber descubierto hoy el Mediterráneo, parecen haber perdido.   Porque izquierda y derecha siguen siendo categorías  ideológicas  y políticas imprescindibles para entender el lugar en el que cada uno está en el espectro político, pero, hoy ya lo sabemos, no son categorías morales. Ni tampoco son categorías mutuamente excluyentes. Sí algo sabemos hoy es que la complejidad del mundo no cabe en este binarismo (y mucho menos en el de la más que estúpida alternativa de arriba y abajo que ciertos líderes de la izquierda radical española proponen ahora como alternativa a la izquierda y a la derecha).  Pero no es de ideas de lo que hablan los políticos y menos en la campaña electoral.  La democracia  es  una forma de gestionar las relaciones de poder. La  democracia es  el  territorio donde se rinde culto a  las mayorías. La diversidad se casa mal con la democracia.  La diversidad exige pacto, negociación, renuncia, pragmatismo.  El parlamentarismo es eso, sino es como diría Maturana lenguajeo. En España es urgente una manera no nueva pero si distinta de entender la democracia. Si no es así corremos el riesgo de estar votando eternamente.  

Crónica desde la Prehistoria


Federico Soriguer. Médico. Miembro de la Academia Malagueña de ciencias.

     A estas alturas los lectores de SUR conocen bien que el sitio de los Dólmenes de Antequera está a punto de ser reconocido por la UNESCO como patrimonio singular de la humanidad. Con este motivo todas las Academias de Málaga y numeroso público  se reunieron el pasado día 22 de Junio en el Aula de Cultura del Corte Inglés para oír de primera mano la historia de cómo se ha llegado hasta este momento.  Y de esto se encargaron Margarita Sánchez Romero y Bartolomé Ruiz.  Margarita Sánchez Romero es profesora de Prehistoria de la Universidad de Granada y fue Directora de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura los años en los que se presentó el expediente que la Unesco está ahora a punto de culminar. La profesora Sánchez Romero hizo un breve pero intenso recorrido del expediente presentado a la UNESCO, haciendo énfasis en la importancia que ha tenido el  acuerdo de  las tres administraciones, la municipal, la autonómica y la nacional. Bartolomé Ruiz es el actual Director de la Real Academia de Nobles Artes de Antequera y Director del Conjunto Arqueológico de los Dólmenes de Antequera. Bartolomé ha sido uno de los artífices de que estemos a punto de tener el primer Bien Cultural Singular de la Unesco en el área de la Prehistoria,  dentro del territorio continental europeo. Pero también y sobre todo,  hizo hincapié en  que nada de esto se hubiese conseguido sino se hubiera generado en los últimos tiempos un gran cuerpo de información científica sobre los dólmenes. Con el énfasis en la investigación científica Bartolomé Ruiz ponía el dedo en esa llaga  que tanto tiempo lleva supurando por el costado de la historia de  España. El conocimiento científico es imprescindible para enfrentarse a los grandes retos que el país tiene planteados, sean históricos, como el que nos ocupa, ya sean tecnológicos. A pocas personas como a Bartolomé Ruiz le cuadra aquel viejo dicho de D. Santiago Ramón y Cajal de que la constancia es la inteligencia de los pobres. Porque, los  que conocimos a Bartolomé Ruiz hace cuarenta años,  siendo un joven postgrado,  sabemos que  el éxito de hoy no es más que el final feliz de la  historia de una pasión: la arqueología.
Sobre los dos  cayó, como correspondía,  el peso de la presentación pero era aquel una acto público en donde la prehistoria se daba la mano con la sociedad civil allí representada por José Manuel  Cabra de Luna, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo,  quien hizo ver como el proyecto de los Dólmenes de Antequera era el triunfo de la cultura sobre la ignorancia y el mejor ejemplo de que hay cosas que hacemos bien en éste país, lo que debería ayudar a librarnos de  nuestro congénito pesimismo. Quintín Calle Carabias, presidente de la Sociedad Erasmiana de Málaga, desde su condición de lingüista,  advirtió que aquel gigantesco reto tecnológico solo fue posible por la existencia de un lenguaje que permitió que los sueños se transformaran en realidades tangibles. Fernando Orellana, presidente de la Academia Malagueña de Ciencias, nos recordó a todos que los grandes proyectos son siempre el resultado de grandes hombres y entre ellos  D. Manuel Cascales Ayala que ha fallecido unos días antes del reconocimiento universal del sitio de los Dólmenes al que había dedicado buena parte de su vida. Al fin y al cabo si hemos llegado hasta aquí podríamos decir con Einstein,  ha sido porque hemos viajado por la historia a hombros de gigantes como D. Manuel. En fin José María Ruiz Povedano, Presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País de Málaga y Benito Valdés  Castrillón Presidente del Instituto de Academias de Andalucía, quien clausuró el  acto,  coincidieron en la importancia del reconocimiento de la UNESCO que va más allá del propio conjunto megalítico pues también lo hace y es esa su singularidad,  de todo el espacio natural, incluido la  Peña de los Enamorados y el Torcal de Antequera sin los cuales no se podría entender el significado de los Dólmenes.      El  reconocimiento de este proyecto por la UNESCO no es solo un éxito a la investigación científicas española y andaluza, que lo es, sino también al trabajo organizativo y al compromiso público contraído por todas las administraciones. El éxito de este proyecto es el mejor ejemplo de que en Andalucía y en España no estamos condenados a hacer las cosas mal. Porque es,  sobre todo, un éxito cultural en su más amplio sentido, pues aquel  mensaje lanzado por aquellos antepasados  hace cinco mil años hoy se está comenzando a descifrar. De alguna manera aquel mensaje está llegando a su destino. Porque aquellos hombres que iniciaron aquel gigantesco proyecto hace cinco mil años estaban pensando en nosotros. Es por esto que la prehistoria, la arqueología, la paleontología o la biología evolutiva se han convertido en disciplinas que con su escrutinio del pasado están contribuyendo a conocer la naturaleza humana, tanto o más que todos los empeños metafísicos anteriores. Bartolomé Ruiz explicó que una de sus mayores satisfacciones las recibió al comprobar que  en Turquía dentro de unos días, además del proyecto de los Dólmenes de Antequera, se presenta para ser reconocido como Patrimonio Singular de la Humanidad,  la obra completa del arquitecto francés Le Corbusier quien en la dedicatoria de su visita  a los Dólmenes hace más de cincuenta años dejó escrito: “A mis ancestros”. Una dedicatoria a aquellos  arquitectos originales que,  probablemente le inspiraron su famoso módulo L, símbolo que es también el saludo en el lenguaje de los signos que representa mejor que ningún otro el significado profundo de los Dólmenes y con el que Carmen Íñiguez Sánchez, coordinadora del ciclo del aula Cultural del Corte Inglés y todos los presentes en una especie de conjuro colectivo,  despidió el acto.  

domingo, 19 de junio de 2016

CUIDADO CON LA INDIGNACIÓN

LA TRIBUNA
CUIDADO CON LA INDIGNACIÓN
FEDERICO SORIGUER MÉDICO. MIEMBRO DE LA ACADEMIA MALAGUEÑA DE CIENCIAS
18 junio 201610:01
http://www.diariosur.es/opinion/201606/18/cuidado-indignacion-20160618005149-v.html

La indignación es una emoción humana valiosa, siempre que sea breve. No se puede estar permanentemente indignado pues cuando eso ocurre la indignación pierde su valor moral y pasa de ser un estado de ánimo a formar parte del carácter. Es lo que ha pasado en España. De la indignación y sus razones hablan todos y todos los días. Pero, ¿cómo transformar la indignación en una acción que sea capaz de resolver los problemas que nos indignan? ¿Cómo pasar de las palabras a los hechos? ¿Cómo conseguir que la indignación no se transforme en exasperación?, esa agitación parecida a la histeria y considerada por algunas corrientes de la psicología como una forma de regresión primaria. Es este el reto que tienen planteadas muchas de las sociedades actuales, que estarían volviendo a formas pre-políticas más propias de sociedades menos desarrolladas económicamente y menos evolucionadas democráticamente. ¿No es algo de esto lo que está ocurriendo con los grandes y más que justificados movimientos de indignación en tantos países incapaces de dar respuesta a los retos de nuestro tiempo? Porque lo sorprendente es que siendo las causas las mismas (la corrupción, la desigualdad, la precarización laboral, la globalización...), las repuestas en diferentes países vayan en envoltorios muy distintos. Desde el Tea Party en USA o la extrema derecha en Austria a los emergentes partidos del Sur de Europa que en estos momentos preelectorales nadie sabe como catalogarlos, tal es su capacidad de mímesis.
En todo caso vivir permanentemente indignado es la mejor forma de eludir la responsabilidad a la que, en un momento u otro, todo ciudadano, ya sea en solitario o de manera organizada, se tiene que enfrentar. Porque de esto se trata. De asumir cada uno su responsabilidad. El profesor Diego Gracias en la introducción de la segunda edición de sus Fundamentos de Bioética, hace una excelente actualización del concepto de responsabilidad. Tal vez a algunos les sorprenda saber que la palabra responsabilidad es muy reciente en todas las lenguas, también en castellano. Después con la reforma protestante aparece en Europa como un concepto teológico relacionado con la culpa y el pecado para trasladarse inmediatamente al terreno jurídico asimilando el concepto de responsabilidad al de imputabilidad (que, por cierto, acaba de desaparecer de nuestro lenguaje procesal). No es hasta el siglo XIX cuando el concepto de responsabilidad adquiere un significado ético sobre todo con la famosa distinción weberiana. La historia le daría inmediatamente la razón a Weber porque todas las grandes catástrofes bélicas del siglo XX fueron originadas por los fanáticos de la ética de la convicción de uno u otro bando. La conclusión es que la acción política no es apta para fanáticos ni para arribistas sino que está necesitada de personas responsables (que ejerzan desde la ética de la responsabilidad y no de la convicción). Hoy ya sabemos que no basta con que las cosas sean como son. A esto se le llama realidad y a algunos les es suficiente. Incluso hay expertos en la realidad. ¡Es la realidad! exclaman autosuficientes, como si los demás fueran tontos y no la recocieran. Es, de esa realidad tantas veces injusta y arbitraria de donde surge la indignación. La indignación es el combustible que pone en marcha la ética de la convicción. Pero a los humanos no nos basa con que las cosas sean así. A diferencia de los animales los humanos tenemos creencias que nos llevan a considerar que las cosas deben ser de una determinada manera. Es a esto a lo que se suele llamar moral o ética. También ley natural, ley divina o imperativo categórico según quien. En todo caso se trata de la aceptación de unas normas que suelen tener carácter absoluto y que Weber las relacionaba con la ética de la convicción. Pero los imperativos morales tienen que ponerse a prueba con la acción. Es la acción la que mide la validez de la norma. Porque las cosas no solo tienen que ser de una manera determinada. Tienen que serlo en función de la situación. Es por esto que cada vez con más frecuencia el pensamiento moderno vuelve los ojos a Aristóteles y a su teoría de la prudencia (phrónesis). Es importante reconocer la realidad, lo es el dotarse de unas reglas que nos iluminen el camino del deber. Pero más importante aun es actuar prudentemente.
En el momento de depositar el voto en las urnas, se produce un ejercicio brutal de reducción de la complejidad. Las campañas electorales están al servicio de este embrutecimiento. Votar es pasar de la teoría a la acción. Del deber ser al tener que ser. Depositar el voto es siempre un dilema, especialmente en estas elecciones. Votar es transferir mis convicciones a la responsabilidad de otros. Votar solo desde la ética de la convicción (en este caso desde la indignación) es la primera derrota pues es importante saber que desde ese momento abdicamos de nuestra propia responsabilidad. Por eso es muy importante que los otros, los políticos, hayan demostrado ser responsables, es decir capaces de hacerse cargo de la realidad y hacerlo sin abandonar la vieja virtud de la prudencia con la que Aristóteles, y no en vano, identificaba la sabiduría. No sé aún a quien voy a votar el próximo día 26, pero sí sé a quién no. No votaré a quienes en nombre de la indignación universal se han apropiado, utilizándola como un látigo, de la ética de la convicción, sorprendiéndonos cada mañana con una ropaje diferente, el último el de la socialdemocracia, hoy el del peronismo, sin que hasta ahora hayan dado muestras de prudencia, de esa virtud imprescindible para la política a la que le hemos dedicado las reflexiones de esta tribuna.


martes, 7 de junio de 2016

MEDICINAS ALTERNATIVAS: ¿A QUÉ?

LA TRIBUNA
FEDERICO SORIGUER. MÉDICO Y MIEMBRO DE LA ACADEMIA MALAGUEÑA DE CIENCIAS
6 junio 201609:23
http://www.diariosur.es/opinion/201606/06/medicinas-alternativas-20160606011842-v.html

        Leemos hoy en SUR que la Universidad de Málaga ha cancelado un curso de verano en Marbella sobre medicinas alternativas, titulado: La enfermedad: ¿enemiga o aliada?'. El curso estaba dirigido por dos prestigiosos profesores de biología celular y genética de la UMA y en él se iban a impartir conferencia sobre homeopatía y otras aproximaciones que se engloban generalmente dentro de lo que se suele llamar medicina natural, alternativa o tradicional. Lo primero que conviene decir es que la verdadera medicina tradicional es la medicina actual llamada científica, heredera de un enorme legado que, al menos en Occidente, procede directamente de la medicina hipocrática, hace más de 2500 años. Muchas de estas medicinas que ahora se llaman a sí mismas alternativas han pertenecido a este tronco común. De hecho la medicina tradicional es 'científica' desde hace bien poco. Primero a partir del siglo XVIII y XIX con la incorporación de la anatomía celular y la microbiología, luego con todo el arsenal procedente de la química que más tarde se llamaría bioquímica y finalmente también de la física que ha aportado la gran revolución tecnológica que identifica a la medicina actual. Pero la medicina clínica no ha incorporado propiamente la lógica científica hasta mediados del pasado siglo con la introducción de las matemáticas de la probabilidad, rompiendo así con la tradición patognomónica (la tentación del saber cierto), transformándose en una medicina de lo probable.
En el comienzo de la 'Sociedad Abierta y sus enemigos', Karl Popper cita a Oscar Wilde cuando dice que: «experiencia es el nombre que damos a nuestros errores». A lo largo del siglo XX la medicina clínica dejó de basarse, como hasta entonces, en la experiencia acumulada (generalmente transmitida a través de los maestros) para fundamentarse en la experimentación. Por primera vez y de una manera sistemática los médicos podían medir el error (que no es otra cosa la medicina científica). Las consecuencias fueron extraordinarias pues en menos de medio siglo la clínica puso en cuestión todo su saber, de manera que se hizo realidad el viejo dicho que tanto le gustaba recordar al profesor Segovia de Arana de que «si tiráramos al mar todas las medicinas menos la digital y la quinina sería bueno para las personas y malo para los peces». Los médicos hemos tenido siempre un poder taumatúrgico invaluable. La medida del efecto placebo fue una de las primeras cosas que le permitió a la medicina esta nueva manera de revisar las viejas preguntas. La otra consecuencia fue la capacidad de generalización de las observaciones, pues las conclusiones ya no eran, solo, el resultado de la experiencia acumulada caso tras caso, sino de la evaluación controlada de amplias series de pacientes y de sus variaciones (estocásticas). De alguna manera la nueva medicina surgida a lo largo del siglo XX lo que ha intentado es evaluar el papel de la subjetividad (del médico y del paciente) y, por tanto, también, de controlarla. Solo desde estas premisas la medicina podía dar el salto de ser una medicina personalista (basada en la autoridad del médico),personalizada (en un caso concreto de un paciente) e insolidaria (pues no era generalizable) a ser una medicina pública y universalizable, como corresponde a todo conocimiento científico. Como no podía ser de otra forme el precio ha sido alto pues en el empeño racionalizador se ha perdido parte del componente taumatúrgico de la medicina misma. Esto es bien conocido por la propia medicina actual y desde dentro surgen voces críticas reclamando una recuperación del sujeto (tanto del sujeto como clínico como del sujeto como paciente). Al fin y al cabo, como decía Bergamín «si fuera un objeto sería objetivo pero como soy un sujeto soy subjetivo». Es en este vacío que deja el sujeto en la medicina tradicional (científica) desde donde resurgen las llamadas medicinas alternativas (a la medicina tradicional). Son medicinas por lo general de base patognomónica, es decir presumen de poseer con certeza ciertas respuestas a los problemas que la medicina tradicional no es capaz de solucionar (que por otro lado son casi infinitos), de hacerlo de manera muy personalizada y basándose en la experiencia del terapeuta, con medidas simples para problemas muy complejos y utilizando para ello la capacidad del sujeto (su subjetividad) para asumir su propia curación. Los procedimientos de contrastación de sus verdades pertenecen a otro orden muy distinto a los de la lógica científica. En ocasiones el lenguaje es hermenéutico y espiritualista y casi siempre la 'vix medicatrix' tiene un gran poso taumatúrgico. Este mundo de las medicinas alternativas es proteiforme, muchas de ellas utilizan una pátina histórica aunque sean unas advenedizas a la medicina. Otras, por el contrario, son depositarias de una larga tradición que compartieron durante siglos con la medicina tradicional (científica). Por otro lado, la práctica de todas estas medicinas está en manos muy variadas, desde personas serias y responsables hasta charlatanes que explotan la necesidad que muchas personas tienen de respuestas ciertas ante las situaciones de incertidumbre. Como se ve, el lenguaje y los objetivos son muy distintos entre ambas 'medicinas'.
En cierto modo son como los tradicionales encuentros entre 'ciencia y religión'. Son estas, dos categorías que obedecen a lógicas muy distintas, por lo que no es extraño que estos encuentros se celebren siempre en el Vaticano pero no en la Universidad. La ciencia, como diría Popper es una disciplina bien modesta que solo se ocupa de aquellos problemas que pueden ser resueltos científicamente. Y es este, precisamente, el gran error de la medicina tradicional (ahora científica). Muchos problemas médicos no se pueden resolver. Eso es todo. Ni con ciencia ni sin ella. Pero donde no llega la ciencia llega la palabra.

Recuperar el papel sanador de la palabra es la asignatura pendiente de la medicina actual. Es también el agujero negro por donde se cuelan todas las medicinas alternativas del mundo a las que solo habría que pedirles, como en el viejo aforismo hipocrático que, al menos no hagan daño.