jueves, 7 de julio de 2016

Maldita memoria


Federico Soriguer
Médico y Miembro de la Academia Malagueña de Ciencias

Un dilema es una situación comprometida en la que hay varias posibilidades de actuación, todas ellas  igualmente buenas o malas. Ante un dilema los argumentos  estrictamente racionales no son suficientes pues, entonces,  no sería un dilema. Son necesarias, además, habilidades de otra naturaleza adquiridas mediante el largo entrenamiento de la vida.  Y es aquí donde la  cultura, entendida como esa memoria  que queda después de haber olvidado todo lo demás, es importante. Una memoria que suele ser el resultado de la experiencia, pues no se puede tener este tipo de memoria si no se ha vivido.  Y lo que ocurre con estas inmediatas elecciones es que ya las hemos vivido.  Maldita memoria.
En la teoría de los juegos el dilema del prisionero es un supuesto teórico en el que dos personas  que han cometido conjuntamente un delito  son detenidas e interrogadas por separado. Las pruebas son circunstanciales y ambas son conminadas a denunciarse mutuamente..  Si ninguno denuncia al otro los dos saldrán libres pues no habrá pruebas, si los dos se denuncian los dos pasaran a la cárcel y si uno lo hace y el otro no, solo uno  irá a la cárcel.
Seguramente para muchos, entre los que me encuentro,  la decisión de votar el próximo día 26, es  una típica decisión dilemática.  Al fin y al cabo: ¿ha cambiado algo que me anime a modificar el sentido de mi voto anterior? Los mismos candidatos, los mismos programas, los mismos partidos, los mismos electores.  Lo único nuevo es no votar, pero como en el dilema del prisionero no votar  es favorecer a la opción a la que  nunca hubiera escogido. El otro día Vicente Romero, el gran periodista,  entrevistado en TV1,  recordaba que  Charles Taylor el sanguinario presidente de Liberia se presentó a las elecciones con el eslogan de: “Maté a tu padre, maté a tu madre y ahora tu me vas a votar a mí”. Vicente Romero  sin citar a ningún partido, hace una traducción blanda de aquel  eslogan poniéndolo en boca de algunos candidatos: “Yo te metí en la crisis, yo no te he sacado de la crisis, y tu ahora, además,  me vas a votar”.  El  argumento es sólido y dejaría fuera del dilema, a los dos partidos que más responsabilidad han tenido en gestionar la crisis.  También quedarían fuera los partido independentistas, porque se están aprovechando de la crisis y contribuyendo con su desvarío  a su consolidación. Nos quedan IU,  UPyD y los dos partidos emergentes..  IU tiene un secretario general tan bien valorado  como incapaz de romper con su  legado comunista. El comunismo es una teoría económica útil aún y una ideología política que ha fracasado allí donde se ha implantado. Aún así los comunistas de hoy aspiran conseguir sus objetivos dentro de las democracias parlamentarias. Una verdadera ucrania. Aún así perseveran en el empeño, obstaculizando a otros partidos de la izquierda socialdemócrata que hace ya mucho rompieron con la vieja utopía y que se han conformado con metas más modestas pero realizables. Así que queda Podemos , UPyD ahora ya fuera del parlamento y Ciudadanos. Podemos se presenta como un partido nuevo y distinto, aunque no le importe ahora acoger en su seno a algunos tan viejos como IU ni tan dañinos como los independentistas.  Tienen el encanto de lo virginal, pero es esa también una de las principales razones para no fiarse de ellos. El país exige cambios importantes, pero no experimentos. No se pueden cometer errores  que nos hagan retroceder años.  En este descarte nos queda Ciudadanos y UPyD, que son partidos que tienen las manos limpias en lo económico y que han mostrado gran energía moral ante el turbio asunto independentista sin caer en el patrioterismo casposo al que otros partidos conservadores nos tienen acostumbrados. Tienen  además a su favor que hay personas muy ilustres, que representan a lo mejor de la inteligencia de este país y que han mostrado su apoyo a estos dos partidos incluso con su generosa militancia. Pero aún así todo esto no parece suficiente para tomar una decisión. Ni siquiera la radical tesis de Vicente Romero,  es suficiente para descartar a los dos partidos mayoritarios pues podríamos ser injustos y poco pragmáticos pues es posible, al menos en teoría que, al menos uno de ellos,   hubiera aprendido la lección. Así que habrá que volver a pensar con nuevos  argumentos.  Al fin y al cabo el voto necesita de una cierta contaminación ideológica. El pragmatismo es una virtud fría. Por eso las categorías izquierda y derecha, como ya lo vio con claridad el viejo Bobio, mal que les pese a algunos, sigue funcionando.  Pero también hoy ya sabemos que salvo para  los fanáticos y para los políticos en tiempo de elecciones, nadie es completamente de derechas, ni completamente de izquierdas, como tampoco es nadie completamente de centro. Lo que hay en las sociedades abiertas son espacios culturales que proceden de un tronco ideológico común, que se han ido ampliando a medida que los sistemas democráticos han ido madurando y es en este espacio donde los electores encuentran en cada momento el partido político que mejor pueda representarlos. Esto se ve mejor cuando te  encuentras con  partidos que aunque adornados con una nueva imagen, entroncan con orígenes, tradiciones e ideologías peligrosas y antidemocráticas que por sí solas deberían ser excluidos de las preferencias de los electores. Y es con estas pocas mimbres con las que el próximo día 26  tenemos que resolver el dilema de a quién votar. Al menos para los que aún creemos que es mejor ir a votar  aunque nos equivoquemos.   
gicas  y políticas imprescindibles para entender el lugar en el que cada uno está en el espectro político, pero, hoy ya lo sabemos, no son categorías morales. Ni tampoco son categorías mutuamente excluyentes. Sí algo sabemos hoy es que la complejidad del mundo no cabe en este binarismo (y mucho menos en el de la más que estúpida alternativa de arriba y abajo que ciertos líderes de la izquierda radical española proponen ahora como alternativa a la izquierda y a la derecha).  Pero no es de ideas de lo que hablan los políticos y menos en la campaña electoral.  La democracia  es  una forma de gestionar las relaciones de poder. La  democracia es  el  territorio donde se rinde culto a  las mayorías. La diversidad se casa mal con la democracia.  La diversidad exige pacto, negociación, renuncia, pragmatismo.  El parlamentarismo es eso, sino es como diría Maturana lenguajeo. En España es urgente una manera no nueva pero si distinta de entender la democracia. Si no es así corremos el riesgo de estar votando eternamente.  

Por favor, un poco de pragmatismo



Federico Soriguer
Médico y miembro de la Academia Malagueña de Ciencias.


Ya estamos otra vez.  Los mismos líderes, los mismos programas, los mismos discursos, las mismas tertulias y tertulianos, los mismos electores.   Aunque algunos creen lo contrario, la lógica dice que con estos antecedentes será muy difícil que haya unos resultados muy distintos a las de las anteriores elecciones. Al comienzo de la primera campaña electoral escribí una tribuna en la que sugería la conveniencia de que hubiera un gran pacto entre el PP y el PSOE.  La irresponsable renuncia del candidato del PP a liderar la formación de un gobierno o al menos intentarlo y la innecesaria, histérica e irrespetuosa  beligerancia  del líder del PSOE contra el líder de la derecha,  la hicieron imposible.  Tampoco, aunque lo intentaron PSOE y Ciudadanos,  fue posible ninguna otra y aquí estamos de nuevo, los mismos líderes, los mismos programas, los mismos discursos, las mismas tertulias y tertulianos, los mismos electores.   ¿Los mismos electores?  Sí, aunque algo mas escaldados.  Porque lo sorprendente es que volveremos a acudir a las urnas en un ejercicio de responsabilidad democrática que deja muy en entredicho la de los  partidos políticos de este país. Porque lo sorprendente es que vaya alguien a votar dándoles así una segunda oportunidad. Porque hay una duda más que razonable de ahora con mimbres parecidas, vayan a ser  capaces de constituir un gobierno y no cualquier gobierno sino uno capaz de gobernar  y no de desgobernar más a este país.  A la vista de todo lo que ha ocurrido en esta ocasión tengo mis dudas de si aquella gran coalición que recomendábamos desde nuestra cómoda posición de elector, sería lo más razonable.  Pero había razones de estrategia internacional pues  parecía muy  importante presentar una única y fuerte presencia política ante Europa, nuestro prestamista y censor, por un lado, y por otro a nivel nacional, como el mejor instrumento para hacer frente al envite separatista catalán, los dos más importantes retos que tiene  nuestro país para garantizar su supervivencia.  Pero había razones tácticas que convenían al PP necesitado de una mano amiga (sí,  amiga aunque viniera de un contrincante político) que le ayudare  a salir de ese pozo oscuro que la corrupción y los  neoliberales más radicales  le han metido. Pero sobre todo me parecía conveniente para un PSOE que tiene que encontrar un espacio de liderazgo entre la izquierda radical y el centro. El PSOE, al contrario que el PP ha hecho un doloroso  camino de reconstrucción interna y de ruptura con las viejas maneras que le contaminaron también con casos de corrupción y de clientelismo (Andalucía sigue siendo una asignatura pendiente),  pero necesita aún   construir una nueva identidad como  partido nacional sin veleidades periféricas   y  como heredero de una gran tradición socialdemócrata  capaz de intervenir con sus pares en Europa  en el cambio urgente e imprescindible en la política social y económica comunitaria.   Pero ni siquiera lo intentaron y la alianza con Ciudadanos fue solo flatus vocis.  Lo que no parece realista es que el PSOE siga intentando convencer a los votante de Podemos e IU de que se trata de la única izquierda posible ni mucho menos de una izquierda radical. Para eso ya están ellos y lo hacen mucho mejor. Ahora,  si se cumplen los pronósticos al PSOE no le quedara más futuro que negociar con Podemos e IU.  Y esto sí que va a ser el abrazo del oso.  Ya hemos visto como en las ciudades donde están gobernando los alcaldes de Podemos no saben aun si correr delante o detrás de su propia guardia municipal.  El radicalismo en política necesita pasar por los sillones parlamentarios o municipales unas cuantas legislaturas.  Es lo que le ocurrió a IU cuya voz quedó silenciada en la penumbra de la mediocritas democrática y de la ley D’Hom y  que ha encontrado ahora en sus nuevos compañeros de viaje de Podemos el oxigeno necesario para reavivar las ascuas de su discurso histórico.  Y no es que no lleven razón en sus denuncias y en sus análisis Podemos e IU. La llevan, claro que la llevan en muchas cosas, porque la indignación no es patrimonio de nadie como no lo es el dolor y  el sufrimiento.  Pero llevar razón no es suficiente. Cristo, Gandhi, llevaban razón y no terminaron muy bien. En el mundo real hay, además, que ser pragmático. Como Mandela. Es por esto que el PSOE perdió una gran oportunidad de reconducir a la derecha y de liderar la regeneración pragmática que una parte importante de este país exige. Porque de esto se trata.  El pragmatismo en nuestra cultura tiene mala prensa.  Se confunde pragmatismo con utilitarismo. Pero este no es más que una desviación de aquel  tal como el leninismo se decía era la enfermedad infantil del marxismo.  Pero ahora que los viejos marxistas vuelven y con razones, a levantar el puño,  habría que desenterrar  a los viejos empiristas escoceses, a los nuevos  pragmatistas americanos,  a los jóvenes economistas y teóricos de la nueva política  y sentarlos alrededor de una mesa para que entre todos nuestros dirigentes y su inteligencia asesora,  si es que existe, recuperen  el sentido de la medida. Una medida que una derecha agotada y rancia, una socialdemocracia desnortada y una nueva izquierda que  parece haber descubierto hoy el Mediterráneo, parecen haber perdido.   Porque izquierda y derecha siguen siendo categorías  ideológicas  y políticas imprescindibles para entender el lugar en el que cada uno está en el espectro político, pero, hoy ya lo sabemos, no son categorías morales. Ni tampoco son categorías mutuamente excluyentes. Sí algo sabemos hoy es que la complejidad del mundo no cabe en este binarismo (y mucho menos en el de la más que estúpida alternativa de arriba y abajo que ciertos líderes de la izquierda radical española proponen ahora como alternativa a la izquierda y a la derecha).  Pero no es de ideas de lo que hablan los políticos y menos en la campaña electoral.  La democracia  es  una forma de gestionar las relaciones de poder. La  democracia es  el  territorio donde se rinde culto a  las mayorías. La diversidad se casa mal con la democracia.  La diversidad exige pacto, negociación, renuncia, pragmatismo.  El parlamentarismo es eso, sino es como diría Maturana lenguajeo. En España es urgente una manera no nueva pero si distinta de entender la democracia. Si no es así corremos el riesgo de estar votando eternamente.  

Crónica desde la Prehistoria


Federico Soriguer. Médico. Miembro de la Academia Malagueña de ciencias.

     A estas alturas los lectores de SUR conocen bien que el sitio de los Dólmenes de Antequera está a punto de ser reconocido por la UNESCO como patrimonio singular de la humanidad. Con este motivo todas las Academias de Málaga y numeroso público  se reunieron el pasado día 22 de Junio en el Aula de Cultura del Corte Inglés para oír de primera mano la historia de cómo se ha llegado hasta este momento.  Y de esto se encargaron Margarita Sánchez Romero y Bartolomé Ruiz.  Margarita Sánchez Romero es profesora de Prehistoria de la Universidad de Granada y fue Directora de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura los años en los que se presentó el expediente que la Unesco está ahora a punto de culminar. La profesora Sánchez Romero hizo un breve pero intenso recorrido del expediente presentado a la UNESCO, haciendo énfasis en la importancia que ha tenido el  acuerdo de  las tres administraciones, la municipal, la autonómica y la nacional. Bartolomé Ruiz es el actual Director de la Real Academia de Nobles Artes de Antequera y Director del Conjunto Arqueológico de los Dólmenes de Antequera. Bartolomé ha sido uno de los artífices de que estemos a punto de tener el primer Bien Cultural Singular de la Unesco en el área de la Prehistoria,  dentro del territorio continental europeo. Pero también y sobre todo,  hizo hincapié en  que nada de esto se hubiese conseguido sino se hubiera generado en los últimos tiempos un gran cuerpo de información científica sobre los dólmenes. Con el énfasis en la investigación científica Bartolomé Ruiz ponía el dedo en esa llaga  que tanto tiempo lleva supurando por el costado de la historia de  España. El conocimiento científico es imprescindible para enfrentarse a los grandes retos que el país tiene planteados, sean históricos, como el que nos ocupa, ya sean tecnológicos. A pocas personas como a Bartolomé Ruiz le cuadra aquel viejo dicho de D. Santiago Ramón y Cajal de que la constancia es la inteligencia de los pobres. Porque, los  que conocimos a Bartolomé Ruiz hace cuarenta años,  siendo un joven postgrado,  sabemos que  el éxito de hoy no es más que el final feliz de la  historia de una pasión: la arqueología.
Sobre los dos  cayó, como correspondía,  el peso de la presentación pero era aquel una acto público en donde la prehistoria se daba la mano con la sociedad civil allí representada por José Manuel  Cabra de Luna, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo,  quien hizo ver como el proyecto de los Dólmenes de Antequera era el triunfo de la cultura sobre la ignorancia y el mejor ejemplo de que hay cosas que hacemos bien en éste país, lo que debería ayudar a librarnos de  nuestro congénito pesimismo. Quintín Calle Carabias, presidente de la Sociedad Erasmiana de Málaga, desde su condición de lingüista,  advirtió que aquel gigantesco reto tecnológico solo fue posible por la existencia de un lenguaje que permitió que los sueños se transformaran en realidades tangibles. Fernando Orellana, presidente de la Academia Malagueña de Ciencias, nos recordó a todos que los grandes proyectos son siempre el resultado de grandes hombres y entre ellos  D. Manuel Cascales Ayala que ha fallecido unos días antes del reconocimiento universal del sitio de los Dólmenes al que había dedicado buena parte de su vida. Al fin y al cabo si hemos llegado hasta aquí podríamos decir con Einstein,  ha sido porque hemos viajado por la historia a hombros de gigantes como D. Manuel. En fin José María Ruiz Povedano, Presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País de Málaga y Benito Valdés  Castrillón Presidente del Instituto de Academias de Andalucía, quien clausuró el  acto,  coincidieron en la importancia del reconocimiento de la UNESCO que va más allá del propio conjunto megalítico pues también lo hace y es esa su singularidad,  de todo el espacio natural, incluido la  Peña de los Enamorados y el Torcal de Antequera sin los cuales no se podría entender el significado de los Dólmenes.      El  reconocimiento de este proyecto por la UNESCO no es solo un éxito a la investigación científicas española y andaluza, que lo es, sino también al trabajo organizativo y al compromiso público contraído por todas las administraciones. El éxito de este proyecto es el mejor ejemplo de que en Andalucía y en España no estamos condenados a hacer las cosas mal. Porque es,  sobre todo, un éxito cultural en su más amplio sentido, pues aquel  mensaje lanzado por aquellos antepasados  hace cinco mil años hoy se está comenzando a descifrar. De alguna manera aquel mensaje está llegando a su destino. Porque aquellos hombres que iniciaron aquel gigantesco proyecto hace cinco mil años estaban pensando en nosotros. Es por esto que la prehistoria, la arqueología, la paleontología o la biología evolutiva se han convertido en disciplinas que con su escrutinio del pasado están contribuyendo a conocer la naturaleza humana, tanto o más que todos los empeños metafísicos anteriores. Bartolomé Ruiz explicó que una de sus mayores satisfacciones las recibió al comprobar que  en Turquía dentro de unos días, además del proyecto de los Dólmenes de Antequera, se presenta para ser reconocido como Patrimonio Singular de la Humanidad,  la obra completa del arquitecto francés Le Corbusier quien en la dedicatoria de su visita  a los Dólmenes hace más de cincuenta años dejó escrito: “A mis ancestros”. Una dedicatoria a aquellos  arquitectos originales que,  probablemente le inspiraron su famoso módulo L, símbolo que es también el saludo en el lenguaje de los signos que representa mejor que ningún otro el significado profundo de los Dólmenes y con el que Carmen Íñiguez Sánchez, coordinadora del ciclo del aula Cultural del Corte Inglés y todos los presentes en una especie de conjuro colectivo,  despidió el acto.  

domingo, 19 de junio de 2016

CUIDADO CON LA INDIGNACIÓN

LA TRIBUNA
CUIDADO CON LA INDIGNACIÓN
FEDERICO SORIGUER MÉDICO. MIEMBRO DE LA ACADEMIA MALAGUEÑA DE CIENCIAS
18 junio 201610:01
http://www.diariosur.es/opinion/201606/18/cuidado-indignacion-20160618005149-v.html

La indignación es una emoción humana valiosa, siempre que sea breve. No se puede estar permanentemente indignado pues cuando eso ocurre la indignación pierde su valor moral y pasa de ser un estado de ánimo a formar parte del carácter. Es lo que ha pasado en España. De la indignación y sus razones hablan todos y todos los días. Pero, ¿cómo transformar la indignación en una acción que sea capaz de resolver los problemas que nos indignan? ¿Cómo pasar de las palabras a los hechos? ¿Cómo conseguir que la indignación no se transforme en exasperación?, esa agitación parecida a la histeria y considerada por algunas corrientes de la psicología como una forma de regresión primaria. Es este el reto que tienen planteadas muchas de las sociedades actuales, que estarían volviendo a formas pre-políticas más propias de sociedades menos desarrolladas económicamente y menos evolucionadas democráticamente. ¿No es algo de esto lo que está ocurriendo con los grandes y más que justificados movimientos de indignación en tantos países incapaces de dar respuesta a los retos de nuestro tiempo? Porque lo sorprendente es que siendo las causas las mismas (la corrupción, la desigualdad, la precarización laboral, la globalización...), las repuestas en diferentes países vayan en envoltorios muy distintos. Desde el Tea Party en USA o la extrema derecha en Austria a los emergentes partidos del Sur de Europa que en estos momentos preelectorales nadie sabe como catalogarlos, tal es su capacidad de mímesis.
En todo caso vivir permanentemente indignado es la mejor forma de eludir la responsabilidad a la que, en un momento u otro, todo ciudadano, ya sea en solitario o de manera organizada, se tiene que enfrentar. Porque de esto se trata. De asumir cada uno su responsabilidad. El profesor Diego Gracias en la introducción de la segunda edición de sus Fundamentos de Bioética, hace una excelente actualización del concepto de responsabilidad. Tal vez a algunos les sorprenda saber que la palabra responsabilidad es muy reciente en todas las lenguas, también en castellano. Después con la reforma protestante aparece en Europa como un concepto teológico relacionado con la culpa y el pecado para trasladarse inmediatamente al terreno jurídico asimilando el concepto de responsabilidad al de imputabilidad (que, por cierto, acaba de desaparecer de nuestro lenguaje procesal). No es hasta el siglo XIX cuando el concepto de responsabilidad adquiere un significado ético sobre todo con la famosa distinción weberiana. La historia le daría inmediatamente la razón a Weber porque todas las grandes catástrofes bélicas del siglo XX fueron originadas por los fanáticos de la ética de la convicción de uno u otro bando. La conclusión es que la acción política no es apta para fanáticos ni para arribistas sino que está necesitada de personas responsables (que ejerzan desde la ética de la responsabilidad y no de la convicción). Hoy ya sabemos que no basta con que las cosas sean como son. A esto se le llama realidad y a algunos les es suficiente. Incluso hay expertos en la realidad. ¡Es la realidad! exclaman autosuficientes, como si los demás fueran tontos y no la recocieran. Es, de esa realidad tantas veces injusta y arbitraria de donde surge la indignación. La indignación es el combustible que pone en marcha la ética de la convicción. Pero a los humanos no nos basa con que las cosas sean así. A diferencia de los animales los humanos tenemos creencias que nos llevan a considerar que las cosas deben ser de una determinada manera. Es a esto a lo que se suele llamar moral o ética. También ley natural, ley divina o imperativo categórico según quien. En todo caso se trata de la aceptación de unas normas que suelen tener carácter absoluto y que Weber las relacionaba con la ética de la convicción. Pero los imperativos morales tienen que ponerse a prueba con la acción. Es la acción la que mide la validez de la norma. Porque las cosas no solo tienen que ser de una manera determinada. Tienen que serlo en función de la situación. Es por esto que cada vez con más frecuencia el pensamiento moderno vuelve los ojos a Aristóteles y a su teoría de la prudencia (phrónesis). Es importante reconocer la realidad, lo es el dotarse de unas reglas que nos iluminen el camino del deber. Pero más importante aun es actuar prudentemente.
En el momento de depositar el voto en las urnas, se produce un ejercicio brutal de reducción de la complejidad. Las campañas electorales están al servicio de este embrutecimiento. Votar es pasar de la teoría a la acción. Del deber ser al tener que ser. Depositar el voto es siempre un dilema, especialmente en estas elecciones. Votar es transferir mis convicciones a la responsabilidad de otros. Votar solo desde la ética de la convicción (en este caso desde la indignación) es la primera derrota pues es importante saber que desde ese momento abdicamos de nuestra propia responsabilidad. Por eso es muy importante que los otros, los políticos, hayan demostrado ser responsables, es decir capaces de hacerse cargo de la realidad y hacerlo sin abandonar la vieja virtud de la prudencia con la que Aristóteles, y no en vano, identificaba la sabiduría. No sé aún a quien voy a votar el próximo día 26, pero sí sé a quién no. No votaré a quienes en nombre de la indignación universal se han apropiado, utilizándola como un látigo, de la ética de la convicción, sorprendiéndonos cada mañana con una ropaje diferente, el último el de la socialdemocracia, hoy el del peronismo, sin que hasta ahora hayan dado muestras de prudencia, de esa virtud imprescindible para la política a la que le hemos dedicado las reflexiones de esta tribuna.


martes, 7 de junio de 2016

MEDICINAS ALTERNATIVAS: ¿A QUÉ?

LA TRIBUNA
FEDERICO SORIGUER. MÉDICO Y MIEMBRO DE LA ACADEMIA MALAGUEÑA DE CIENCIAS
6 junio 201609:23
http://www.diariosur.es/opinion/201606/06/medicinas-alternativas-20160606011842-v.html

        Leemos hoy en SUR que la Universidad de Málaga ha cancelado un curso de verano en Marbella sobre medicinas alternativas, titulado: La enfermedad: ¿enemiga o aliada?'. El curso estaba dirigido por dos prestigiosos profesores de biología celular y genética de la UMA y en él se iban a impartir conferencia sobre homeopatía y otras aproximaciones que se engloban generalmente dentro de lo que se suele llamar medicina natural, alternativa o tradicional. Lo primero que conviene decir es que la verdadera medicina tradicional es la medicina actual llamada científica, heredera de un enorme legado que, al menos en Occidente, procede directamente de la medicina hipocrática, hace más de 2500 años. Muchas de estas medicinas que ahora se llaman a sí mismas alternativas han pertenecido a este tronco común. De hecho la medicina tradicional es 'científica' desde hace bien poco. Primero a partir del siglo XVIII y XIX con la incorporación de la anatomía celular y la microbiología, luego con todo el arsenal procedente de la química que más tarde se llamaría bioquímica y finalmente también de la física que ha aportado la gran revolución tecnológica que identifica a la medicina actual. Pero la medicina clínica no ha incorporado propiamente la lógica científica hasta mediados del pasado siglo con la introducción de las matemáticas de la probabilidad, rompiendo así con la tradición patognomónica (la tentación del saber cierto), transformándose en una medicina de lo probable.
En el comienzo de la 'Sociedad Abierta y sus enemigos', Karl Popper cita a Oscar Wilde cuando dice que: «experiencia es el nombre que damos a nuestros errores». A lo largo del siglo XX la medicina clínica dejó de basarse, como hasta entonces, en la experiencia acumulada (generalmente transmitida a través de los maestros) para fundamentarse en la experimentación. Por primera vez y de una manera sistemática los médicos podían medir el error (que no es otra cosa la medicina científica). Las consecuencias fueron extraordinarias pues en menos de medio siglo la clínica puso en cuestión todo su saber, de manera que se hizo realidad el viejo dicho que tanto le gustaba recordar al profesor Segovia de Arana de que «si tiráramos al mar todas las medicinas menos la digital y la quinina sería bueno para las personas y malo para los peces». Los médicos hemos tenido siempre un poder taumatúrgico invaluable. La medida del efecto placebo fue una de las primeras cosas que le permitió a la medicina esta nueva manera de revisar las viejas preguntas. La otra consecuencia fue la capacidad de generalización de las observaciones, pues las conclusiones ya no eran, solo, el resultado de la experiencia acumulada caso tras caso, sino de la evaluación controlada de amplias series de pacientes y de sus variaciones (estocásticas). De alguna manera la nueva medicina surgida a lo largo del siglo XX lo que ha intentado es evaluar el papel de la subjetividad (del médico y del paciente) y, por tanto, también, de controlarla. Solo desde estas premisas la medicina podía dar el salto de ser una medicina personalista (basada en la autoridad del médico),personalizada (en un caso concreto de un paciente) e insolidaria (pues no era generalizable) a ser una medicina pública y universalizable, como corresponde a todo conocimiento científico. Como no podía ser de otra forme el precio ha sido alto pues en el empeño racionalizador se ha perdido parte del componente taumatúrgico de la medicina misma. Esto es bien conocido por la propia medicina actual y desde dentro surgen voces críticas reclamando una recuperación del sujeto (tanto del sujeto como clínico como del sujeto como paciente). Al fin y al cabo, como decía Bergamín «si fuera un objeto sería objetivo pero como soy un sujeto soy subjetivo». Es en este vacío que deja el sujeto en la medicina tradicional (científica) desde donde resurgen las llamadas medicinas alternativas (a la medicina tradicional). Son medicinas por lo general de base patognomónica, es decir presumen de poseer con certeza ciertas respuestas a los problemas que la medicina tradicional no es capaz de solucionar (que por otro lado son casi infinitos), de hacerlo de manera muy personalizada y basándose en la experiencia del terapeuta, con medidas simples para problemas muy complejos y utilizando para ello la capacidad del sujeto (su subjetividad) para asumir su propia curación. Los procedimientos de contrastación de sus verdades pertenecen a otro orden muy distinto a los de la lógica científica. En ocasiones el lenguaje es hermenéutico y espiritualista y casi siempre la 'vix medicatrix' tiene un gran poso taumatúrgico. Este mundo de las medicinas alternativas es proteiforme, muchas de ellas utilizan una pátina histórica aunque sean unas advenedizas a la medicina. Otras, por el contrario, son depositarias de una larga tradición que compartieron durante siglos con la medicina tradicional (científica). Por otro lado, la práctica de todas estas medicinas está en manos muy variadas, desde personas serias y responsables hasta charlatanes que explotan la necesidad que muchas personas tienen de respuestas ciertas ante las situaciones de incertidumbre. Como se ve, el lenguaje y los objetivos son muy distintos entre ambas 'medicinas'.
En cierto modo son como los tradicionales encuentros entre 'ciencia y religión'. Son estas, dos categorías que obedecen a lógicas muy distintas, por lo que no es extraño que estos encuentros se celebren siempre en el Vaticano pero no en la Universidad. La ciencia, como diría Popper es una disciplina bien modesta que solo se ocupa de aquellos problemas que pueden ser resueltos científicamente. Y es este, precisamente, el gran error de la medicina tradicional (ahora científica). Muchos problemas médicos no se pueden resolver. Eso es todo. Ni con ciencia ni sin ella. Pero donde no llega la ciencia llega la palabra.

Recuperar el papel sanador de la palabra es la asignatura pendiente de la medicina actual. Es también el agujero negro por donde se cuelan todas las medicinas alternativas del mundo a las que solo habría que pedirles, como en el viejo aforismo hipocrático que, al menos no hagan daño.

domingo, 1 de mayo de 2016

¡NADA MÁS Y NADA MENOS QUE UNA CIUDAD SANITARIA!

LA TRIBUNA
FEDERICO SORIGUER. MÉDICO
Diario SUR 16 abril 201610:14
HTTP://WWW.DIARIOSUR.ES/OPINION/201604/16/NADA-NADA-MENOS-CIUDAD-20160416004001-V.HTM

Perplejo. Así me quedé cuando el pasado jueves 31 de marzo, el mismo día que presentábamos en el Colegio de Médicos el libro: 'Historia del Hospital Carlos Haya y sus Pabellones', el señor consejero de Salud, Aquilino Alonso, declaró (SUR, 31-04-2016) que: «la Consejería de Salud reconoce la necesidad de ampliar la oferta hospitalaria en Málaga, aunque no con un tercer hospital, sino con la creación de una Ciudad Sanitaria en base a la ampliación de instalaciones en los terrenos situados junto al Civil»; una idea que el periodista que redacta la noticia recuerda que ya puso sobre la mesa hace ocho años la entonces consejera de Salud, María Jesús Montero. No, no fue hace ocho años sino nueve, pero al menos el periodista lo recuerda, cosa que no parece ocurrirle al consejero a pesar de que hace unos meses le enviamos el libro de la Historia del Hospital Carlos Haya, dedicado y con el ruego de que nos acompañara en Málaga a presentarlo. Ni nos contestó, ni -ahora lo comprobamos- lo ha leído, pues si lo hubiera hecho sabría que ya en diciembre de 2007, ante la continua demanda social y profesional, la Consejería de Salud anunció la ampliación de 110 camas en el Hospital Civil.
Preguntada entonces la señora Montero contestó: «la decisión de construirlo es firme y el hospital estará terminado para el 2012» (SUR, 6-12-2007). No satisfizo a nadie esta propuesta que era claramente insuficiente, pero además la consejera hablaba por hablar, pues ni siquiera habían llegado a ningún acuerdo con la Diputación para utilizar los espacios de los alrededores del Civil. De hecho, y sin ir más lejos, el presidente de la Diputación de Málaga, Salvador Pendón, declaró que «se haría en los terrenos del Hospital Civil si se hace una permuta»(SUR 6-12-2007). Aquello era en realidad una tomadura de pelo y tras el intenso debate ciudadano y profesional suscitado, el 12 de septiembre de 2008 la consejera de Salud enterraba aquel proyecto y anunciaba la construcción en Málaga de un nuevo hospital de 1500 camas. En Málaga la señora consejera de Salud declaraba: «El nuevo Hospital Regional permitirá superar las dificultades de funcionalidad, relacionadas con la división del complejo actual en tres recintos distintos (Pabellones A y B, Hospital Materno Infantil y Hospital Civil)».
Los malagueños con buena memoria recordarán el absurdo debate que se produjo entre el Ayuntamiento y la Junta sobre la ubicación del nuevo hospital y sobre la explotación de los terrenos de los pabellones A y B, debate que no fue precisamente un ejemplo de responsabilidad política por ninguna de las partes. Al final la crisis vino a solucionar a todos su incompetencia y la idea del nuevo hospital fue abandonada, aunque todavía una gerente de Carlos Haya de triste recuerdo, preguntada por Ángel Escalera el día 19 de septiembre de 2012 contestaba: «Yo estoy convencida de que por supuesto se hará. Es necesario para la provincia de Málaga. La consejera de Salud así lo ha transmitido».
Hemos seleccionado tan solo unos momentos representativos de aquella ópera bufa que fue la propuesta de construcción de un hospital en el Civil primero y luego de un nuevo Hospital Carlos Haya, pero el lector interesado puede leerla extensamente en un capítulo entero a ella dedicado en nuestro libro. Sin embargo, el nuevo consejero parece venir del limbo. Claramente indocumentado, pues es difícil concebirlo de otra forma, viene a Málaga y dice que van a hacer, no un nuevo hospital, no, van a hacer nada más y nada menos que una Ciudad Sanitaria en los patios del Hospital Civil. El Dr. Palomo, que fue director médico en la época del Dr. Cabrerizo, recordaba en nuestro libro que el de Ciudad Sanitaria es un concepto hospitalario franquista (C.S. La Fe, C.S. La Paz, etc.) que desapareció con la democracia, como desapareció el nombre de Residencias y se recuperó el de Hospitales. Así que los mismos que no han encontrado ningún nombre apropiado para sustituir al franquista Carlos Haya ahora se les ocurre el más franquista de todos los posibles para colarnos, jugando con el significado de las palabras, el mismo proyecto que ya fracasó en el año 2007. Claro que hay que hacer algo, pero no cualquier cosa que vuelva a hipotecar el futuro hospitalario de la ciudad, como ya se hizo en los últimos años de franquismo llevándose el Materno al Arroyo de los Ángeles cuando había terrenos de sobra alrededor del pabellón A de Carlos Haya.
El Hospital Carlos Haya tiene un serio problema de identidad y de funcionalidad que hipoteca gravemente su futuro. Si a alguien le cabe alguna duda sólo basta, para que se disipe, que dé un paseo por los Hospitales (no Ciudades Sanitarias) Virgen del Rocío, Reina Sofía o el nuevo Hospital de Granada. El reconocimiento de que la situación disfuncional del Hospital Carlos Haya era insostenible la hizo ya Pablo Recio, consejero de Salud en el año 1984, en una visita a Málaga para inaugurar el V Congreso Nacional de Hospitales, quien ante las críticas del comité de empresa de Carlos Haya sobre las obras de remodelación del pabellón viejo, preguntado por José Vicente Astorga (SUR, 7-12, 1984), contesto: «Los proyectos hospitalarios no se enfocan independientemente. Carlos Haya es un modelo de sinrazón desde su origen y lo que no tiene sentido es analizarlo como si fuera un papel en blanco». ¡Sólo han pasado 32 años desde entonces! En una reunión privada, un prestigioso periodista de Málaga trataba de convencerme de que Málaga no le debe nada a la Junta de Andalucía. Me resistí a aceptar tesis tan radical. Pero estos días, oyendo las declaraciones del nuevo responsable de Sanidad, no puedo dejar de tener la sensación de que algunos en Sevilla creen que somos idiotas.
* Firma también este artículo
Francisco García, periodista, autores ambos del libro 'Historia del Hospital Carlos Haya de Málaga y de sus pabellones'


SESENTA AÑOS SON SOLO EL COMIENZO

LAS TRIBUNA
FEDERICO SORIGUER
30 abril 201609:57
http://www.diariosur.es/opinion/201604/30/sesenta-anos-solo-comienzo-20160430004545-v.html

Hoy 30 de abril cumple 60 años el Hospital Carlos Haya, pero la administración sanitaria parece que ha decidido ignorarlo. No pasó igual ni con el cuarenta aniversario siendo gerente el Dr. Francisco Juan ni lo fue con el cincuenta, siendo gerenta la Drª María de los Ángeles Prieto. ¿Se imaginan posible este olvido en cualquiera de los grandes hospitales de Andalucía? Hace solo unos días Córdoba celebraba el 40 aniversario del Reina Sofía con la presencia de la Reina emérita y no hubo necesidad de estar en Córdoba para enterarse pues ha sido noticia en todos los periódicos. Son las ventajas de tener nombre y orgullo de pertenencia. Pero nuestro hospital se ha quedado sin nombre y sin la conmemoración digna de su historia. Ya estuvo a punto de ocurrir en el 2006 cuando se intentó retirarle su denominación por primera vez, pero ésta se pospuso pues parecía un sarcasmo conmemorar el cincuenta aniversario del Hospital Carlos Haya al mismo tiempo que se le quitaba el nombre (sin alternativas). Así que no nos sorprende que hoy nadie se acuerde de conmemorar lo que no tiene nombre, ni al parecer ni siquiera pasado. No nos sorprendente pero nos preocupa pues este país tiene una larga noche de políticos venales o de caciques que quisieron reinventar el pasado. Pero tal día como hoy, hace exactamente sesenta años, Franco inauguró (la Residencia) Carlos Haya, aunque en realidad había comenzado a funcionar un mes antes, pues hubo que abrir urgentemente un quirófano para que el ORL Dr. Urdiales pudiera operar al delegado Nacional de Farmacia, quien de visita a Málaga, en una comida se atragantó con un hueso de pollo que a poco estuvo de costarle la vida. Pequeñas historias de una gran historia que a lo largo de estos sesenta años el hospital y la ciudad han compartido juntos. En él han trabajado y por él pasan todos los años miles de ciudadanos, precisamente en los momentos de mayor desvalimiento, buscando consuelo o ayuda. La mayoría lo encuentra. Por eso el hospital es una institución para la ciudad y para los malagueños. Y es a todos ellos a los que se les debe la conmemoración con dignidad. Desde su inauguración en el 56 y hasta finales de los sesenta, la Residencia fue gestionado cuasi militarmente como correspondía al modelo de la época y salió adelante gracias al entusiasmo de unos médicos jóvenes, los internos, y unas enfermeras que también vivían en el propio hospital. Pero no fue hasta comienzos de los setenta cuando aún en plena dictadura se produce una ruptura con el anticuado sistema médico asistencial. Coincide con la dirección del Dr. Juan Cabrerizo, con la transformación de las Residencias en Ciudades Sanitaria, con la jerarquización del hospital en servicios y departamentos de especialidades, con la aparición del sistema MIR y con el desembarco de una ola de jóvenes médicos procedentes de toda España que venían a comerse el mundo y que encontraron en aquellas renovadas residencias del seguro, por primera vez en la historia de España, el espacio suficiente para desarrollar su proyecto profesional y en lo político la posibilidad de contribuir a la creación de un sistema sanitario público y universal que luego años más tarde, el 25 de abril de 1986, se vería refrendado por la Ley General de Sanidad. Vinieron pronto vientos de cambio con la creación del SAS, que supuso una modernización de la gestión sanitaria, pero también, de manera progresiva la introducción de un modelo de gestión más técnico que ha devenido en ocasiones en un gerencialismo y en una centralización incompatible con la autonomía de las instituciones y con la creatividad de los profesionales.
El Hospital tuvo a partir de los ochenta un gran crecimiento, que, sorprendentemente, coincidió, también, con una época de precariedad y conflictividad, pues las huelgas y la efervescencia política y sindical eran también constantes. Vinieron después los años de la burbuja económica de finales de los noventa hasta la crisis del 2008, años en los que se perdieron grandes oportunidades, pues fue en ese momento cuando debieron arreglarse muchos de los serios problemas que aquejaban y aún aquejan al centro. Uno de los más importantes fue y es su desestructuración física y funcional, que comenzó con la construcción del Hospital Materno Infantil en el Arroyo de los Ángeles, y las sucesivas ocupaciones de prácticamente todos los viejos hospitales de la ciudad, que en un momento u otro, a medida que la necesidad apretaba, se iban convirtiendo en pabellones añadidos del Hospital Carlos Haya. El daño que esta desestructuración ha ocasionado a la gestión física, funcional, académica y humana del hospital debería ser estudiado por algún economista de la salud y no son menos importantes los daños intangibles esos que han contribuido a la despersonalización y a la pérdida de invaluables oportunidades, las cuales han terminado deteriorando el sentido de pertenencia de sus trabajadores al centro. El fiasco de la construcción del 'nuevo' Hospital Carlos Haya (el mal llamado 'macrohospital', realmente la única opción válida), la solución dada al nombre, la peor de todas las posibles, habiendo numerosas alternativas, o el desastre de la fusión de los dos grandes hospitales de Málaga, reconocido por el propio actual consejero de Salud, son las últimas pero no las únicas oportunidades perdidas que han llevado a que el Hospital Carlos Haya, no solo haya quedado sin nombre sino que esté perdiendo el futuro. No quisiéramos ser pesimistas en esta tribuna conmemorativa. Ninguno de estos retos ha caído del cielo. Para eso sirve la historia. Podemos aprender de los errores del pasado o como parece haber optado la administración sanitaria socialista, displicentemente ignorarlos, añadiendo así un nuevo problema: la ocultación del pasado. El hospital (ahora innominado) debe plantearse qué es lo que quiere ser. Pero, ¿hay alguien al otro lado que se esté haciendo esta pregunta, ahora que ha cumplido sesenta años?
* Firma también este artículo
Francisco García, periodista, autores ambos del libro 'Historia del Hospital Carlos Haya de Málaga y de sus pabellones'