domingo, 7 de abril de 2019

LAS MANOS DEL FUTURO





La Tribuna DIARIO SUR. Lunes, 1 abril 2019.
Todas las ideologías gestionadas por hombres a la manera de los hombres están fracasando en el empeño de enfriar el mundo. ¿Podrá hacerlo un mundo feminizado?
federico soriguer
FEDERICO SORIGUER Miembro de la Academia Malagueña de las Ciencias 
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«Desfila el carnero macho al frente del rebaño, ufano, camino del matadero». Edgar Morin resumió  hace muchos años con esta metáfora la historia del machismo y del patriarcado. Una historia de poder y de gloria, de luces y de sombras, de sangre, de sudor y de lágrimas. Optimistas ilustrados como Pinker nos tienen que recordar que vivimos en el mejor de los mundos posibles. El pesimismo es reaccionario, dicen los optimistas. Pero, ¿es que acaso le importa algo al mundo nuestro estado de ánimo? Copérnico colocó a la Tierra en su verdadero lugar en el Universo, Darwin dio una estocada definitiva al misterio de la encarnación y Freud acabó con los misterios gozosos, hurgando en esa herida narcisista de la especie humana que la ha llevado a creerse la especie elegida por un Dios masculino, eterno, todopoderoso, del que nada sabemos salvo por sus oráculos. El anuncio de un final termodinámico es la última premonición sobre el fin del mundo. Es el certificado de defunción de toda esperanza en un futuro mejor. Los jóvenes lo saben por eso se está produciendo un movimiento que nadie había previsto. Todo comenzó, como corresponde al momento histórico, por una joven sueca de 16 años, Greta Thunberg.
Los adolescentes de todo el mundo comienzan a levantar la voz consciente es que son ellos los que se van a achicharrar en el futuro. Ya no esperan nada ni de sus padres ni de los dioses hechos a imagen y semejanza de sus padres. ¡Unos adolescentes responsables que miran el futuro! ¡Qué oxímoron! En estos comienzos del siglo XXI los niños y las mujeres interpelan al mundo y señalan a esas generaciones que han sido incapaces de detener este final entrópico que todas las señales luminosas nos anuncian. Lo que tenga que ser será dicen los deterministas, incapaces de parar el mundo. Hace muchos años, Savater anunció que en algún momento el futuro de la humanidad pasaría por una dictadura ecologista. Savater es solo un vitalista, no un profeta. Pero, ¿es posible algún consenso democrático en esta jungla  de miles de millones de personas y centenares de países y regímenes políticos? Un mundo en el que la única razón es la del capitalismo de casino, especulador y extractivo cuyo lema es: «A vivir que son dos días». No, no queda mucho tiempo para amansar a la fiera. El futuro es ya hoy y no parece que mañana amanezca con un nuevo orden mundial que revierta el calentamiento global a una velocidad lo suficientemente razonable como para que las profecías termodinámicas sean solo un mal sueño. ¡Cómo no van a estar preocupados los jóvenes!
Lo sorprendente es que nosotros, sus padres, sus abuelos sigamos aquí, mareando la perdiz, anunciando una y otra vez los incumplimientos de Kyoto, Estocolmo, Rio, Nairobi, Méjico, Paris. Nuevos plazos y nuevos veranos en los que la temperatura sube alguna décima más, confirmando año tras años los peores augurios de la ciencia. La segunda ley no perdona. Pero nuestros hijos e hijas, nuestros nietos y nietas ya no se conforman con paños calientes (sic). Es el fracaso de un mundo gestionado a la manera de los hombres erigidos en representantes de todo el género humano.
Es improbable que el mismo modelo que nos ha traído hasta aquí, patriarcal, belicista, extractivo, sea capaz de encontrar las urgentes soluciones a los problemas que el mismo modelo ha generado. De hecho es sospechoso que toda la esperanza esté ahora depositada en la tecnología, no en el cambio de modelo ni en la construcción de nuevos valores. No. La misma tecnología que nos ha traído hasta aquí nos salvará. Como si la tecnología fuese independiente de los valores. Una cuestión de fe. Una cuestión de hombres. Las mujeres nunca han tenido el poder real en el mundo. Todas las ideologías gestionadas por hombres a la manera de los hombres están fracasando en el empeño de enfriar el mundo. ¿Podrá hacerlo un mundo feminizado? Son ellas, las mujeres, las que pueden salvar el mundo.
No hay ninguna prueba empírica de que tenga que ser así, ni tampoco de que existan dos naturalezas distintas, las de los hombres y las de las mujeres, pero sí que hay dos historias distintas, la de los hombres y las de las mujeres, y, por eso, probablemente, dos maneras distintas de entender el mundo. La de los hombres, una manera antigua cuyo ciclo ha acabado, representado por el modelo patriarcal.
La de las mujeres, que hoy ocupan las calles, representado por el movimiento feminista, convertido en un patrimonio común de toda la humanidad. También los niños. Los grandes olvidados de las historia. Son hoy ellos los niños, los jóvenes, los que con su mirada limpia nos advierten de que hasta aquí hemos llegado. Hay que cambiar el mundo. Hay que liberarlo de estos estigmas que hunden sus raíces en el  Neolítico  cuando los recursos parecían ilimitados. Para imaginar a Dios y al diablo, los humanos no tuvieron que ascender a los cielos o descender a los infiernos. Les bastó con mirar a su interior reflejado en la mirada del otro. Ya fuesen hombres ya fuesen mujeres.
No, las mujeres no están libres del pecado de ser humanos, pero no han dominado el mundo. La responsabilidad del pasado ha sido sobre todo de quienes han ejercido el poder. Qué le vamos a hacer. Que cada palo aguante su vela. Los niños no tienen pasado, solo futuro. No será un empeño fácil. En medio del fragor de la batalla aun hoy los Trump, los Bolsonaros, los Abascal, los Orban, parecen jinetes flamígeros medievales sacados del ensueño de una noche tórrida. Jinetes apocalípticos que no será fácil descabalgar. Es mucho lo que lo que la humanidad se juega. Los niños su futuro y, hoy, ya, lo saben. Cuando en las calles, en las escuelas, en las casas, nos interpelan, deberíamos de sentir vergüenza. Si es que tal cosa sigue teniendo hoy algún significado para aquellos hombres que siguen creyéndose propietarios del mun


sábado, 12 de enero de 2019

EL SIGLO DE LOS FILÓSOFOS



DIARIO SUR. La tribuna. Jueves, 10 enero 2019
https://www..es/opinion/siglo-filosofos-20190110202251-nt.html
No somos nosotros, sino nuestros genes los que deciden, genes que a su vez pueden ser programados desde fuera, ahora a escala mundial gracias a las nuevas y virtuales tecnologías
El siglo de los filósofosFEDERICO SORIGUER. Médico. Miembro de número de la Academia Malagueña de Ciencias
El pasado día 6 de enero, un diario de difusión nacional nos obsequió como regalo de Navidad con un artículo de Yuval Noah Harari titulado «Los cerebros hackeados votan». La tesis que sostiene en el artículo no es nueva y ya la había adelantado en su libro 'Homo Deus': El libre albedrío no existe. No existió nunca, pero ahora la neurociencia lo ha demostrado. Somos carne de manipulación de las nuevas tecnologías de la desinformación. Somos cerebros programables que aún viven con la fantasía de creer que saben lo que quieren y lo que desean. No somos nosotros, sino nuestros genes los  que deciden, genes que a su vez pueden ser programados desde fuera, ahora a escala mundial gracias a las nuevas y virtuales tecnologías.
Si todo esto así y para Harari no hay duda de que es así, la democracia ha muerto. Pues así será si lo dice persona tan afamada, pero la fama, se sabe desde que lo dijera lapidariamente Rilke,   «no es más que un conjunto de malos entendidos en torno a una persona». Me lo aclaró mejor el profesor Antonio Diéguez Lucena cuando en respuesta a ciertas dudas que el libro de Harari me sugería, me precisó en un Whatsapp: «Federico, no te fíes de todo lo que dice Harari». Porque lo interesante es que junto a cosas muy interesantes Harari hace pronósticos apocalípticos. ¿Y desde dónde los hace Harari? Pues desde sus interesantes y apocalípticos genes. ¿Desde dónde si no?
Unos pequeños dictadores los genes de Harari, que más que una estructura química de forma helicoidal se parecerían a aquel homúnculo que ya el alquimista Paracelso afirmó haber creado al intentar encontrar la piedra filosofal, uno de cuyos beneficios era la 'juventud eterna'. Un homúnculo que anidaría en el interior de las cabezas de todos los humanos en forma de gen y que estarían bajo el dictado de otros homúnculos lejanos, residentes en otras cabezas que, desde las sombras, están diseñando nuestras voluntades y deseos: ¡Vota a Trump!, nos dice uno; ¡No, a Sánchez!, grita el otro; ¡a Vox!, ¡a Casado!, ¡toma Coca-Cola!, ¡no la bebas!... Y así, uno tras otro, unos diabólicos 'influencer' dictan al oído de los genecillos-homúnculos de Harari lo que debemos hacer y cómo debemos de comportarnos.
Lo sorprendente es que ni manipuladores ni manipulados saben lo que hacen, como ni siquiera Harari sabe lo que dice, aunque, eso sí, tiene conciencia de lo que ocurre en el mundo y lo cuenta. Pero una cosa es la conciencia y otra la voluntad, pues si tuvieran voluntad después de ser consientes, pues no lo harían o harían lo contrario de lo que dice el homúnculo, especialmente Harari, que él sí que es muy consciente cuando con lucidez nos advierte de la inexistencia de tal cosa como el 'libre albedrío' (por cierto, utilizando un término castizo y anticuado).
Es interesante señalar que Harari data el nacimiento de esta fantasía del libre albedrío en la aparición del cristianismo, pues sin él las gentes no tendrían noción del bien ni del mal ni, por tanto, podrían ser castigados con el fuego eterno. Un cristianismo (el católico) culpable del nacimiento de esta ficción del libre albedrío, tan culpable, supongo, como de su muerte, ahora anunciada por Harari a manos de ese otro cristianismo (ahora calvinista) que firmó el certificado de defunción del libre albedrío con su obstinada teoría de la predestinación, no muy distinta a la que ahora Harari con el apoyo de la neurociencia predica. A mí, modestamente, me parece que Harari cree que la gente sigue como aquella dama victoriana que habiéndole llegado noticias de que «los hombres descendemos del mono» le recomendaba a la criada que «por favor, por lo menos que no se entere el vecindario». Pero sobre todo me parece que sigue anclado a un concepto de gen y de genética del siglo pasado.
El genocentrismo es hoy una opción ideológica, más que científica. Porque los genes no son más que estructuras químicas carentes del poder metafísico que algunos biólogos y ciertos divulgadores le quieren adjudicar. Los genes y con ellos el resto del cuerpo son el resultado de una compleja interacción con un medio ambiente que en los humanos adquiere la categoría de cultura. Una interacción de doble flujo. Los genes, ciertamente, influyen en la cultura y la cultura también en los genes. Hoy sabemos que la genética es además epigenética y que el genoma es una estructura dinámica, llena de elementos que pueden moverse entre diferentes parte del genoma, capaces de modificar el ADN en sus inmediaciones. Y es de esta interacción de donde surge la diversidad biológica y cultural que son la base y la única garantía de la libertad. Es de la diversidad de lo que deberíamos de preocuparnos y no tanto del libre albedrío. No soy genetista ni sociólogo y no quisiera seguir por aquí, pero me temo que, mal que le pese a los Harari(s), el hombre es un animal inacabado que no ha llegado hasta aquí a base de escuchar a sus genes (solo), sino porque en un momento se produjo una especialización adaptativa que después se llamó cultura (en la que se incluye la ficción de la libertad) a la que probablemente no puede renunciar por las mismas razones biológicas que Harari y todos los Harari están empeñados en que lo hagamos.
En todo caso este apasionante debate refuerza una tesis, más bien una profecía, a la que hoy pocos se sumarían. El siglo XXI no será el siglo de la ciencia, sino el de los filósofos. E inmediatamente me surge una duda. ¿Dónde estará escondido el maldito 'hacker' que me ha dictado ésta, tan improbable como extravagante, profecía?

NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE




DIARIO SUR. La Tribuna. Sábado, 29 diciembre 2018
FEDERICO SORIGUER.  Médico y Miembro de la Academia Malagueña de Ciencias
https://www.diariosur.es/opinion/solo-vive-hombre-20181226171034-nt.html 
Alcántara, María Zambrano, Savater, Schumacher, Marañón, Félix Ovejero... Amigos, compañeros de viaje y maestros que han ido alimentándonos de eso que Lorca reclamaba más imprescindible que el pan
FEDERICO SORIGUER.  Médico y Miembro de la Academia Malagueña de Ciencias
Por mi especialidad médica, en estas páginas he pontificado desde hace mas de cuarenta años sobre lo que los humanos debemos o no comer. Un tan noble como frágil empeño, pues bastaba un comentario irónico de D. Manuel Alcántara sobre sus 'vicios privados' para que todo el sesudo y científico tinglado se desmoronara. Porque no solo de pan vive el hombre, que así, con esta referencia bíblica, comenzaba Federico García Lorca en el año 1931 la conferencia con la que inauguraba la biblioteca de Fuente Vaqueros, la primera de toda la provincia de Granada. En ella Federico cuenta que cuando Fedor Dostoyevsky estaba prisionero en Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita, en las cartas de socorro a su familia sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». «Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón». Y aquí, en esta tribuna, siguiendo a Lorca (¡menuda compañía!) hablaré de ese otro alimento que tanto necesitaba Dostoyevsky y de la huella imprescindible que algunos de sus cocineros y cocineras han ido dejando en este estomago agradecido. De D. Manuel, por ejemplo, el milagro de su provecta lucidez. De Hannah Arendt y María Zambrano, su renuncia al resentimiento al que tenían todo el derecho. De Manuel Vicent, al que un día le leí que mientras permanezca una panadería abierta bajo las bombas la civilización universal estará a salvo. De Unamuno, en cuyo 'San Manuel bueno y mártir' tantos nos reconocemos. De Schumacher –el economista, no el piloto–, que lo pequeño es hermosos y que solo los necios creen que vale igual un dólar de pan que un dólar de oro. De Savater, al que nunca agradeceremos bastante su valor cívico, pero en mi caso particular, sobre todo, su afición hípica, esa que le llevó a escribir una elegía a Shergar, un purasangre irlandés secuestrado por ETA con la que me salvó de mi juvenil gregarismo progre. De Félix de Azúa y su imprescindible 'Historia de un idiota contada por el mismo', de Popper, del que aprendí que el relativismo puede ser empírico y no morir de contradicción. De Vargas Llosa, liberal en las costumbres, conservador en lo económico, ingenuo en lo político, contradictorio en lo social e ignorante en lo relacionado con la alimentación. Como cualquier Nobel, en fin. De Jorge Wagensberg y sus inacabables aforismos que lo llevaron a la tumba, su ultimo aforismo. De Diéguez Lucena, su amistad y para qué sirve la filosofía. En su caso, por ejemplo, de cómo se puede conciliar la ciencia con la filosofía y contarlo. De Diego Gracia, su concepto de responsabilidad y su magisterio. De Adela Cortina, su lúcida idea de los interlocutores válidos, una condición mínima para la deliberación. De Lain Entralgo, su historia de la medicina y sus honestísimas rectificaciones. De Ridruejo, su coherencia. De Félix Ovejero, su crítica del arte y su resiliencia antinacionalista. De las tertulias en El Flor con los amigos y de las pato-biografías de miles de pacientes, todo, pues las tertulias y las historias clínicas, ponen a prueba la solidez de unas opiniones siempre poco fiables. De Darwin, el cómo se puede sin prisas cambiar el mundo. De Céline, una terrible lección: que ni la belleza ni la cultura impiden ni justifican la maldad. De E. O. Wilson, que podemos aprender mucho de las hormigas, pero que no somos hormigas por mucho que se empeñen los socio biólogos. De Cervantes, que la mejor novela de un autor no tiene por qué ser ejemplar. De Marañón, su humanismo, algo en lo que no está solo pues el humanismo tiene una deuda contraída y no suficientemente reconocida con los médicos humanistas españoles como Cajal, Novoa Santos, Marañón, Laín Entralgo, Rof Carvallo, Castilla del Pino, Diego Gracia. A los científicos de Atapuerca por haber puesto a la paleontología como postre obligado de cualquier mesa bien servida. A mi padre, que leía diariamente con fruición de entomólogo el diario 'ABC' de Madrid. A José Antonio Marina, ensayista excesivo a quien debo la definición de inteligencia como la capacidad de cada cual para negociar con sus propios límites. A Roca Barea, con la que algunos españoles hemos crecido un par de centímetros. A Cajal, por su ejemplo, su sabiduría y su honradez. A Cioran, por la fuerza vital de un pesimismo suicida e ilustrado. A Caro Baroja, que no necesitó ser catedrático para hacer lo que tenía que hacer. A mis hermanos, cuya fraternidad refuerza lo mejor de la socio-biología a la que antes sutilmente he criticado. A Wikipedia, Pubmed y el DRAE, que juntos son lo más cercano a la biblioteca universal de Borges («la especie humana (…) está por extinguirse, pero la biblioteca perdurará»: Borges dixit). A André Maurois cuando nos recuerda que cultura es lo que nos queda después de olvidar todo lo que aprendimos y a Savater de nuevo, cuando nos enseña –y no olvidamos–, que la cultura sirve al menos para pasarlo bien gastando poco. Y hasta aquí hemos llegado, pues ni queremos ni podríamos aunque quisiéramos ser exhaustivos, que una tribuna admite solo 900 palabras, que son menos de las que uno necesita para el agradecimiento de todos estos amigos, compañeros de viaje y maestros que han ido alimentándonos de eso que Lorca reclamaba más imprescindible que el pan. Y no hay emoción más jubilosa que el agradecimiento, ese sentimiento tan cercano a la inteligencia y a la amistad. Esa emoción tan prescindible y por eso tan humana, que una vez que se comienza a practicar a uno le gustaría, como con el enamoramiento, que no acabara nunca. Feliz Navidad.


domingo, 25 de noviembre de 2018

MILLONES DE RAZONES EN EL DÍA MUNDIAL DE LA DIABETES


La tribuna
Encontrar soluciones eficaces frente a la diabetes no surge de la nada. Es el resultado de un consenso colectivo, del compromiso y la inversión pública en intervenciones asequibles, rentables, basadas en la mejor investigación científica disponible
Diario SUR Miércoles, 14 noviembre 2018 https://www.diariosur.es/opinion/millones-razones-mundial-20181114194959-nt.html
Hoy día 14 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Diabetes. En el año 2017 casi 450 millones de personas vivían con diabetes. En España, según los resultados del estudio epidemiológico Di@betes, promovido por el ISCIII-CIBERDEM, coordinado desde Málaga, un 13,8% de la población española tiene diabetes y un 15,3% en Andalucía. Debido a la alta prevalencia, la diabetes es responsable de entre el 5-10% del coste sanitario global, debido sobre todo a los gastos farmacológicos e ingresos hospitalarios por complicaciones. La diabetes mellitus tipo 2 se puede prevenir y ambas diabetes, la tipo 1 y la tipo 2, se pueden y se deben diagnosticar precozmente. También hoy ambas diabetes se pueden tratar mediante un abordaje integrado, donde la persona con diabetes se convierte en el verdadero protagonista.
Con la ayuda de la educación terapéutica y de las nuevas tecnologías las personas con diabetes pueden disfrutar de una cantidad y calidad de vida similar a la de la población general, tal como se soñó en 1989 en la 'Declaración de Sant Vincent'. Pero no podemos olvidar que la diabetes sigue siendo un duro reto para el individuo y su familia.
El lema elegido para este año 2018 por la International Diabetes Federation (IDF) es 'Familia y diabetes'. La familia es el 'hogar' donde se gestionan buena parte de los hábitos alimentarios y de salud de las personas, un pilar fundamental a la hora de prevenir la aparición de la diabetes 2. Por otro lado, la familia es la que tiene que hacer frente al gran impacto que supone tener un hijo con diabetes. El tiempo de dedicación de los padres (que a veces incluso obliga a algún miembro de la familia a abandonar su trabajo habitual), los recursos extras en fármacos no financiados o parcialmente financiados o actividades deportivas suplementarias son algunos de los gastos complementarios, sin olvidar que en ocasiones la presencia de una persona con diabetes en la familia puede afectar negativamente a la calidad de vida de los padres y hermanos.
Un estudio coordinado por el grupo de Endocrinología Pediátrica del Hospital Materno Infantil de Málaga, recientemente publicado (CHRYSTAL Observational study), ha analizado las consecuencias económicas de la diabetes tipo 1 desde una perspectiva social, señalando que los 'costes no sanitarios' que soporta directamente la economía familiar: transporte, comidas especiales, actividades físicas extras y cuidados informales –tiempo de cuidadores– en los niños con diabetes exceden a los costes sanitarios directos, la mayoría financiados por el sistema público (4.000 euros/niño y año), ascendiendo en total a unos 23.000 euros por paciente y año. Esto significa que el 83% de todos los gastos relacionados con la diabetes en edad pediátrica los soporta la familia.
Necesitamos una respuesta enérgica y más dinámica, no sólo por parte de los diferentes sectores gubernamentales, sino también de la sociedad civil, las organizaciones de pacientes, los productores de alimentos y los fabricantes de productos farmacéuticos. La diabetes no es sólo una crisis sanitaria; es una catástrofe social mundial. Por todo ello debemos aumentar la concienciación sobre la importancia de llevar una dieta saludable y realizar actividad física, especialmente entre niños y adolescentes, e incorporar ambientes saludables en la planificación urbana. Los profesionales sanitarios de la atención primaria, imprescindibles en las estrategias preventivas, deben disponer de los tiempos asistenciales y los recursos necesarios para desarrollar esta tarea. Están luchando por ello. Encontrar soluciones eficaces frente a la diabetes no surge de la nada. Es el resultado de un consenso colectivo, del compromiso y la inversión pública en intervenciones asequibles, rentables, basadas en la mejor investigación científica disponible. Es todo esto lo que se intenta recordar en este día.
El esfuerzo que han efectuado asociaciones de pacientes (en Málaga, Adima), sociedades científicas de diabetes (SED), de Endocrinología y Nutrición (SEEN), de Endocrinología Pediátrica (SEEP), de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFYC), de Medicina Interna (SEMI) y otras, poco a poco están logrando sensibilizar a nuestra sociedad. Y podemos decir que se están produciendo algunos avances. Tras un largo camino de 'propuestas no de ley' y de 'enmiendas traslacionales', se ha llegado en este mes de noviembre a una propuesta de acuerdo de la Comisión Parlamentaria de Prestaciones, Aseguramiento y Financiación para facilitar los sistemas de monitorización de la glucemia intersticial a adultos tras hacerlo previamente en niños de 4-18 años, destacando que se ha llevado a cabo una regulación con indicaciones precisas, sostenibles para el sistema nacional de salud y para todos los territorios de España.
Este año, el 14 de noviembre nuestro Ayuntamiento y nuestra Farola se vestirán de azul, como otros años y como sucede en todas las ciudades importantes del mundo con sus monumentos más emblemáticos. Este año el Parlamento nacional, además de vestirse también de azul, va a abrir sus puertas de par en par a la diabetes para hacer realidad un encuentro entre representantes políticos, personas con diabetes, sus familias y profesionales implicados en la atención y en la investigación en torno a la diabetes. En el escenario actual de la diabetes, todos estamos llamados a colaborar. La familia está en primera línea, tanto en la prevención como en el tratamiento, necesitando apoyos institucionales, profesionales y económicos para desarrollar este importantísimo papel. Sobran razones. Millones de razones. Tantas como personas con diabetes.
Firman este artículo: María Soledad Ruiz de Adana, médico, Servicio de Endocrinología y Nutrición, Unidad de Diabetes Hospital Regional Universitario de Málaga (Carlos Haya), Juan Pedro López Siguero, endocrinólogo-pediatra, Servicio de Pediatría, Hospital Regional Universitario de Málaga (Carlos Haya), y Federico Soriguer, endocrinólogo, miembro de la Academia Malagueña de Ciencias.


martes, 11 de septiembre de 2018

UNA ACADEMIA PARA EL SIGLO XXI




Diario SUR. La tribuna
FEDERICO SORIGUER
FEDERICO SORIGUER Médico y Miembro de número de la Academia Malagueña de Ciencias

Martes, 11 septiembre 2018

La Academia Malagueña de Ciencias (AMC) fue fundada como Sociedad de Ciencias en el año 1872. Ha cumplido pues 145 años durante los cuales ha formado parte de la vida cultural, social y científica de la ciudad, contribuyendo a este proyecto de todos que es Málaga. La Academia nace en un momento en el que no había en Málaga Organismos Públicos de Investigación (OPIs) y cuando aún faltaban más de ochenta años para que tuviera una Universidad. En estos años, la AMC ha realizado innumerables informes, debates, publicaciones, conferencias, mesas redondas, sobre muy diferentes temas, muchos de ellos controvertidos y complejos, pero de gran importancia para la ciudad. Pero el mundo ha cambiado y Málaga con él, ¡y de qué manera¡ Es por esto que en el seno de la AMC hay en este momento un profundo y sincero debate sobre cuál debe ser su papel en la sociedad del siglo XXI.
Las primeras academias de ciencias fueron creadas en Europa en el siglo XVII y XVIII en momentos del auge de los descubrimientos científicos. Estas instituciones reunían a los investigadores más eminentes, desarrollando sesiones en las que los diferentes trabajos eran presentados oralmente, debatidos y luego publicados. Algunas academias también cumplían funciones de organización y de financiación de las investigaciones. A lo largo del siglo XX la investigación científica se convierte en una 'cuestión de Estado' apareciendo los grandes Organismo Públicos (y privados) de Investigación (OPIs) que en cierto modo liberaron a las academias de aquellas funciones. Es por esto que las academias se han estado reinventado a lo largo del pasado siglo, teniendo entre sus objetivos ser depositarias y administradoras de un gran legado histórico.
Es lo que ocurre en aquellos países en los que la ciencia es una parte fundamental de su acervo cultural. Es el caso de la 'Royal Society' de Londres hoy uno de los grandes centros culturales de la City, la Real Academia de las Ciencias de Suecia, que actúa como tribunal de algunos de los premios Nobel, la Leopoldina o Academia Alemana de las Ciencias Naturales, la más antigua academia de ciencias del mundo y cuya biblioteca contiene cerca de 300.000 volúmenes, o, en fin, la Academia de Ciencias de Francia, que forma parte del Instituto de Francia. Hay muchas otras, pero todas ellas suelen estar ubicadas en edificios históricos, que con su suntuosidad simbolizan el orgullo de esas ciudades y de esos países por su contribución al conocimiento universal. La Academia Malagueña de Ciencias tiene un gran patrimonio cultural en su pasado, en sus archivos y en su biblioteca. Es una obligación de los académicos actuales conservarlo, darlos a conocer y vivificarlo. Ese legado forma parte del patrimonio cultural de la ciudad. Es, como se dice hoy en la jerga un BIC (bien de interés cultural). Pero estamos en el siglo XXI y la AMC debe de redefinir sus funciones. Y en eso está. La Academia Malagueña de Ciencias tiene como uno de sus más importantes objetivos contribuir a la dinamización cultural de la ciudad.
Nuestro país y nuestra ciudad necesitan de personas y de instituciones independientes que sean capaces de colocar a la ciencia como parte de la gran cultura y, también, al mismo tiempo contribuir a que la ciencia se encarne en la cultura ciudadana. Sin cultura científica una sociedad no es culta. Y sin ciencia no se puede generar cultura científica. Es un círculo virtuoso que ya lo explicaba muy bien Don Santiago Ramón y Cajal cuando decía que la ciencia solo puede enseñarla el que investiga o ha investigado. ¡Y quien mejor para hacerlo que estos académicos que han sido designados en un riguroso proceso de selección por su contribución al conocimiento científico!.
La ciudad de Málaga está inmersa en un profundo y exitoso cambio cultural que no puede hacerse de espaldas a la ciencia. Una sociedad moderna necesita de la ciencia. Málaga tiene ya una estructura de organismos públicos de investigación potentes (UMA, IOE, IBIMA, CSIC, IATA, PTM, archivos y museos) la mayoría de ellos, salvo los museos, desconocidos para los malagueños. Tiene también una gran actividad divulgativa con instituciones y organizaciones como el Centro Principia, 'Encuentros con la ciencia', 'La noche de los investigadores', la propia AMC, 'Encuentros del Pimpi', 'Ciencias sin límites' o sociedades como la de Astronomía, por citar algunas de las más conocidas.
La Academia Malagueña de Ciencias (AMC) posee, además, una característica muy valiosa recogida en sus estatutos ya desde su fundación: su independencia. Este es su bien más preciado y lo que le da, junto al prestigio de sus académicos, autoridad a sus informes e iniciativas, que es algo de gran importancia para cualquier institución ya sea pública o privada. Estas y otras muchas son las cuestiones que conciernen en este momento a la AMC. Un viaje apasionante al que están convocados todos los académicos, los de números, los de merito, los correspondientes, los de honor. Y con ellos todos aquellos amigos de la AMC que sabemos que son muchos, pues conocedores de su historia la viven y la sienten como parte de la historia de la ciudad. Al fin y al cabo si la AMC no existiera habría que inventarla. Y eso es lo que la Academia quiere hacer. Reinventarse en el siglo XXI, sobre los cimientos de su viejo y prestigioso legado. Esta es la responsabilidad de los académicos actuales. La situación de la ciencia en España debe mejorar. El olvido de la ciencia en los últimos diez años (¡diez años ya¡) en los presupuestos generales del Estado está hipotecando el futuro de nuestro país. Afortunadamente siempre hubo personas e instituciones que mantuvieron encendida la llama sagrada de la ciencia esperando que algún día la situación de la ciencia en España se normalizara. La Academia Malagueña de Ciencias (AMC) quiere contribuir a mantener encendida esa llama.


domingo, 22 de julio de 2018

POLÍTICA DE ZANCADILLAS


Hoy es inconcebible construir un gran hospital universitario sin un campus científico y docente a él vinculado. Hay además ahora en marcha el proyecto de convertir el cuartel de la Trinidad en un gran museo polivalente
FEDERICO SORIGUER E ILDEFONSO FERNÁNDEZ–BACA Exjefes de Servicio de Endocrinología y Nutrición y de Oftalmología del Hospital Universitario Carlos Haya

DIARIO SUR Sábado, 21 julio 2018, 00:42
https://www.diariosur.es/opinion/politica-zancadillas-20180721181108-nt.html


El pasado 17 de julio ese gran periodista que es Ángel Escalera escribía una columna en la que expresaba su estupor ante la propuesta de la Consejería de Salud para que sea el Ayuntamiento quien decida la ubicación del nuevo hospital de 800 camas. En la práctica eso supondría aceptar que la construcción será en los patios del Hospital Civil. El Ayuntamiento no tardó ni veinticuatro horas en responderle y el 18 de julio SUR lo recoge en primera página: «El alcalde ofrece la parcela del Civil para el tercer hospital y sin contraprestaciones». Hemos formado parte de las comisiones que han elevado a la Consejería de Salud el informe sobre el nuevo hospital, incluido el lugar para construirlo y quisiéramos hacer algunas precisiones. En primer lugar, que no se trata de un tercer hospital como machaconamente desde el Ayuntamiento se insiste una y otra vez. Lo que hay previsto es una refundación del viejo Hospital Carlos Haya (luego renombrado Hospital Regional). El proyecto no es el mejor proyecto posible pero es un buen proyecto. Y lo es porque coge el toro por los cuernos, reconoce la deficiente situación hospitalaria de Málaga y muy en particular la obsolescencia del viejo Carlos Haya e introduce innovaciones dignas de ser consideradas.
Hemos estado más de cuarenta años trabajando en el hospital, de ellos una buena parte en el Civil que era y es el pabellón C del Hospital Carlos Haya. Alguna experiencia tenemos sobre las posibilidades del Civil y no solo por haberlas vivido (entre ellas las anuales inundaciones de sus sótanos) sino también por haberlas pensado, como el mismo alcalde sabe pues nos hemos reunido con él en alguna ocasión para intentar evitar que se construyera en los patios del Civil. Hemos formado parte también de las comisiones técnicas que han elaborado el informe en el que se recomendaba la construcción del edificio que sustituirá al viejo Carlos Haya detrás del Materno, donde hay mucho más espacio que en los patios del Civil. Pero siendo muy importante el espacio no es lo único a considerar.
El proyecto presentado a la Consejería por el 'grupo de expertos' presupone una refundación razonable y modernizada del viejo Carlos Haya, recuperando la relación funcional con el Materno-Infantil, única manera de solucionar la costosísima disfuncionalidad a la que condujeron las sucesivas y no siempre bien planificadas ampliaciones. Pero el proyecto incluye otros asuntos que el Ayuntamiento parece ignorar y que sin embargo son del mayor interés. La previsión es que el Hospital Civil se convierta en un campus universitario científico y docente, vinculado al hospital. Un campus que debería ocupar todo el espacio funcional del Civil y no solo el edificio histórico. Hoy es inconcebible construir un gran hospital universitario sin un campus científico y docente a él vinculado. Hay además ahora en marcha el proyecto de convertir el cuartel de la Trinidad en un gran museo polivalente. Si todos los proyectos prosperan, en pocos años nos encontraríamos con un enorme espacio cultural, científico, docente, universitario y sanitario que iría desde la calle Velarde hasta La Roca. Uno puede imaginar un futuro cercano que cambiaría por completo a la Trinidad y que ayudaría a reequilibrar la ciudad ahora demasiado volcada en el centro.
Los patios del Hospital Civil deberían ser preservados para un uso funcional dentro del futuro campus universitario lúdico-docente-científico-sanitario. Construir ahora en el Civil habiendo muy cerca otra posibilidad mejor, es hipotecar el futuro desarrollo de la zona. El proyecto permite también el manteamiento de los pabellones A y B del viejo Carlos Haya ahora reconvertidos en un 'hospital comunitario', que es sin duda una gran idea, (aunque de alto riesgo por la falta de precedentes), pues podría dar satisfacción al cambio de genio epidemiológico de muchas de las enfermedades prevalentes de nuestro tiempo, así como a las relaciones con Atención Primaria y los diferentes niveles asistenciales, hasta ahora bastante deficientes. El informe, aunque no lo contempla, debe también servir para abrir un debate sobre el futuro de la sanidad pública y en concreto del futuro sanitario de la ciudad que incluya la situación de la atención primaria, del Hospital Clínico y del resto de las infraestructuras sanitarias.
Cuando hemos defendido este proyecto en algunos foros se nos ha dicho que no somos urbanistas y que desconocemos las complejas interrelaciones de un proyecto como este. Es posible que así sea, aunque este tipo de acusaciones también sirven en la dirección contraria, pues un gran hospital no es lo mismo que un gran hotel o un gran supermercado. Igual que la medicina es algo demasiado importante para dejarla en manos de los médicos con más razón podemos decirlo del urbanismo. Pero mas allá de estas obviedades lo que de verdad nos preocupa en este momento es que esta situación comienza a parecerse demasiado al gran fiasco del mal llamado macrohospital de los Asperones, cuya construcción debía de haber comenzado en 2008 y que hoy, diez años después, debería estar ya terminado o a punto de terminar.
En el 2008 los dos firmantes estábamos en activo y un día, pensando sobre el proyecto del nuevo Carlos Haya que la Consejería prometía en los Asperones uno de nosotros comentó que cuando lo inauguren no lo disfrutaremos ya como médicos pero que al menos sí como pacientes jubilados. Hoy ya los dos lo estamos, pero nuestro entusiasmo, nuestra esperanza y nuestra ingenuidad siguen intactas. Aquel proyecto fracasó, dicen, por la llegada de la crisis, pero el proyecto había fracasado ya años antes, por el zancadilleo que se produjo entre la Junta y el Ayuntamiento. Revisar las hemerotecas de aquellos años da ganas, literalmente, de llorar. De nuevo están en juego el prestigio de las instituciones, de la Junta y del Ayuntamiento. Ni siquiera podemos concebir que la historia volviera a repetirse.


lunes, 9 de julio de 2018

SOBRE LA AYUDA A UNA BUENA MUERTE

DIARIO SUR. Domingo, 8 julio 2018

La medicina moderna ha invadido la vida entera desde el nacimiento hasta la muerte. Nada es ya ajeno a la medicina y no parece que esto en el futuro vaya a cambiar
    FEDERICO SORIGUER. Médico y Miembro de número de la Academia Malagueña de Ciencias

Esto es lo que significa eutanasia, buena muerte, aunque la historia haya cargado a la palabra de múltiples significados. Frente a la 'meditatio mortis' de los antiguos hoy la muerte es la gran ausente de las sociedades modernas. Por eso, ante la propuesta de llevar al Parlamento una ley para regular la eutanasia, es muy bien venido el debate iniciado en SUR por tres colegas con los que me unen lazos de amistad y mutuo aprecio. A pesar de que, al menos en dos de ellos, se mantienen posturas muy lejanas, sus argumentos me gustaron y me convencieron. Con esta indefinición lo que quiero dejar constancia ya desde el principio, es mi falta de preparación intelectual para tener una idea clara sobre la cuestión.
Como clínico me he tenido que enfrentar en numerosas ocasiones con la muerte del paciente y en algunas otras con decisiones difíciles sobre cómo ayudarle en ese momento. En muchos de estos últimos me faltaba preparación técnica y, sobre todo entrenamiento moral para saber si estaba haciendo lo correcto. En algunos casos de familiares y en sus casas, la decisión era más fácil, pero en aquellos otros en los que la muerte se producía en el hospital, creo que no siempre hice lo que debía ni como debía. Y es este el primer dilema moral pues lo que es bueno para un familiar debe serlo también para el resto de los pacientes atendidos en un hospital público. Como me recordaba muy recientemente un buen amigo que ha trabajado toda su vida en la UVI: «En algunos casos hemos ayudado a bien morir pero han sido más los que nos hemos dejado llevar por el 'ensañamiento terapéutico'». Algunos lo tienen muy claro y lo fían todo a los cuidados paliativos. «Divinun este sedare doloren», un aforismo atribuido a Hipócrates cuya traducción real es «sedar el dolor es tarea de los dioses» y es aquí en este referencia divina donde ha residido (y aun reside) buena parte del poder de los médicos y de la medicina y también su responsabilidad. Existe una relación estrecha entre poder y responsabilidad.
A mayor poder mayor responsabilidad. En los últimos tiempos a los médicos se les ha ido quitando buena parte del viejo poder y no debería sonar como una denuncia sino como la consecuencia inevitable de que con esta pérdida de poder también muchos médicos se han sentido menos responsables de las consecuencias de sus actos. Los cuidados paliativos acortan casi siempre la vida de los pacientes y por este motivo no fueron inicialmente aceptados por una parte de la medicina. Hoy son esgrimidos como un argumento contra la legislación sobre la eutanasia. Pero la medicina plantea a los médicos retos nuevos constantemente.
¿Qué hacer con aquellas personas que mas allá de los cuidados paliativos han expresado inequívocamente su voluntad de morir, pero no tienen la autonomía física para hacerlo? ¿Qué hacemos con los casos de Ramón Sampedro que llevaba décadas luchando sin éxito en los tribunales para lograr que los médicos lo ayudaran a morir cosa que finalmente consiguió de mala manera el 12 de enero de 1998. ¿Qué hacemos con el caso de Inmaculada Echevarría, quien el 18 de octubre de 2016 pudo cumplir su deseo de morir pero a diferencia de Sampedro atendida por un equipo médico que la sedó y le retiró el respirador? No deja de ser sorprendente que la única diferencia entre uno y otro era que la segunda estaba conectada a un respirador y el primero no.
Vaya por delante que si hoy yo estuviera en activo y me viera en la tesitura de tener que aplicar legalmente la eutanasia, seguramente objetaría en conciencia. Y no porque esté en contra de ella, al menos teóricamente, sino porque no estaría preparado ni moral ni intelectualmente para hacerlo en la práctica. Sin embargo sí quiero estar preparado para solicitarla si algún día (ojalá que no ocurra) me encuentro en una situación sin salida y mis fuerzas y mis esperanzas han llegado al límite y es entonces cuando me gustaría encontrar un sistema sanitario y un médico que me ayude. La medicina ha cambiado tanto que el corpus hipocrático no es suficiente para dar respuesta a toda la complejidad y a todos los problemas que la medicina moderna genera. En las páginas finales del 'Franskenstein' de Mary Shelly, el monstruo maldice a su creador por haberle proporcionado un gran anhelo de felicidad pero no los medios para saciarla. Al final le lanza al Dr. Frankenstein la peor acusación que puede hacerse: «Nadie tiene derecho a crear a un ser al que no le ofrece a la vez los medios para ser feliz». Y este grito del monstruo sirve también hoy para la muerte.
El hombre moderno está solo. Es algo nuevo en la historia. Hoy sabemos que, todos, creyentes o no creyentes, tenemos bajo nuestra responsabilidad la vida y la muerte del hombre. La medicina moderna ha invadido la vida entera desde el nacimiento hasta la muerte. Nada es ya natural. Nada es ya ajeno a la medicina y no parece que esto en el futuro vaya a cambiar. Podemos hacer como que no lo vemos y seguir eludiendo esta gran responsabilidad, que a mí al menos me sobrecoge. Los médicos no podemos refugiarnos en el confort de un pasado que nunca existió ni en una deontología que no es en absoluto unívoca.
En las sociedades democráticas son los Parlamentos, no los técnicos, los que hacen las leyes en representación de todos los ciudadanos, aunque al final será el médico el que en la soledad de su conciencia y con la competencia que le dan sus conocimientos, quien decidirá lo que debe hacer. Nadie ha dicho que la medicina sea fácil.