sábado, 12 de enero de 2019

NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE




DIARIO SUR. La Tribuna. Sábado, 29 diciembre 2018
FEDERICO SORIGUER.  Médico y Miembro de la Academia Malagueña de Ciencias
https://www.diariosur.es/opinion/solo-vive-hombre-20181226171034-nt.html 
Alcántara, María Zambrano, Savater, Schumacher, Marañón, Félix Ovejero... Amigos, compañeros de viaje y maestros que han ido alimentándonos de eso que Lorca reclamaba más imprescindible que el pan
FEDERICO SORIGUER.  Médico y Miembro de la Academia Malagueña de Ciencias
Por mi especialidad médica, en estas páginas he pontificado desde hace mas de cuarenta años sobre lo que los humanos debemos o no comer. Un tan noble como frágil empeño, pues bastaba un comentario irónico de D. Manuel Alcántara sobre sus 'vicios privados' para que todo el sesudo y científico tinglado se desmoronara. Porque no solo de pan vive el hombre, que así, con esta referencia bíblica, comenzaba Federico García Lorca en el año 1931 la conferencia con la que inauguraba la biblioteca de Fuente Vaqueros, la primera de toda la provincia de Granada. En ella Federico cuenta que cuando Fedor Dostoyevsky estaba prisionero en Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita, en las cartas de socorro a su familia sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». «Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón». Y aquí, en esta tribuna, siguiendo a Lorca (¡menuda compañía!) hablaré de ese otro alimento que tanto necesitaba Dostoyevsky y de la huella imprescindible que algunos de sus cocineros y cocineras han ido dejando en este estomago agradecido. De D. Manuel, por ejemplo, el milagro de su provecta lucidez. De Hannah Arendt y María Zambrano, su renuncia al resentimiento al que tenían todo el derecho. De Manuel Vicent, al que un día le leí que mientras permanezca una panadería abierta bajo las bombas la civilización universal estará a salvo. De Unamuno, en cuyo 'San Manuel bueno y mártir' tantos nos reconocemos. De Schumacher –el economista, no el piloto–, que lo pequeño es hermosos y que solo los necios creen que vale igual un dólar de pan que un dólar de oro. De Savater, al que nunca agradeceremos bastante su valor cívico, pero en mi caso particular, sobre todo, su afición hípica, esa que le llevó a escribir una elegía a Shergar, un purasangre irlandés secuestrado por ETA con la que me salvó de mi juvenil gregarismo progre. De Félix de Azúa y su imprescindible 'Historia de un idiota contada por el mismo', de Popper, del que aprendí que el relativismo puede ser empírico y no morir de contradicción. De Vargas Llosa, liberal en las costumbres, conservador en lo económico, ingenuo en lo político, contradictorio en lo social e ignorante en lo relacionado con la alimentación. Como cualquier Nobel, en fin. De Jorge Wagensberg y sus inacabables aforismos que lo llevaron a la tumba, su ultimo aforismo. De Diéguez Lucena, su amistad y para qué sirve la filosofía. En su caso, por ejemplo, de cómo se puede conciliar la ciencia con la filosofía y contarlo. De Diego Gracia, su concepto de responsabilidad y su magisterio. De Adela Cortina, su lúcida idea de los interlocutores válidos, una condición mínima para la deliberación. De Lain Entralgo, su historia de la medicina y sus honestísimas rectificaciones. De Ridruejo, su coherencia. De Félix Ovejero, su crítica del arte y su resiliencia antinacionalista. De las tertulias en El Flor con los amigos y de las pato-biografías de miles de pacientes, todo, pues las tertulias y las historias clínicas, ponen a prueba la solidez de unas opiniones siempre poco fiables. De Darwin, el cómo se puede sin prisas cambiar el mundo. De Céline, una terrible lección: que ni la belleza ni la cultura impiden ni justifican la maldad. De E. O. Wilson, que podemos aprender mucho de las hormigas, pero que no somos hormigas por mucho que se empeñen los socio biólogos. De Cervantes, que la mejor novela de un autor no tiene por qué ser ejemplar. De Marañón, su humanismo, algo en lo que no está solo pues el humanismo tiene una deuda contraída y no suficientemente reconocida con los médicos humanistas españoles como Cajal, Novoa Santos, Marañón, Laín Entralgo, Rof Carvallo, Castilla del Pino, Diego Gracia. A los científicos de Atapuerca por haber puesto a la paleontología como postre obligado de cualquier mesa bien servida. A mi padre, que leía diariamente con fruición de entomólogo el diario 'ABC' de Madrid. A José Antonio Marina, ensayista excesivo a quien debo la definición de inteligencia como la capacidad de cada cual para negociar con sus propios límites. A Roca Barea, con la que algunos españoles hemos crecido un par de centímetros. A Cajal, por su ejemplo, su sabiduría y su honradez. A Cioran, por la fuerza vital de un pesimismo suicida e ilustrado. A Caro Baroja, que no necesitó ser catedrático para hacer lo que tenía que hacer. A mis hermanos, cuya fraternidad refuerza lo mejor de la socio-biología a la que antes sutilmente he criticado. A Wikipedia, Pubmed y el DRAE, que juntos son lo más cercano a la biblioteca universal de Borges («la especie humana (…) está por extinguirse, pero la biblioteca perdurará»: Borges dixit). A André Maurois cuando nos recuerda que cultura es lo que nos queda después de olvidar todo lo que aprendimos y a Savater de nuevo, cuando nos enseña –y no olvidamos–, que la cultura sirve al menos para pasarlo bien gastando poco. Y hasta aquí hemos llegado, pues ni queremos ni podríamos aunque quisiéramos ser exhaustivos, que una tribuna admite solo 900 palabras, que son menos de las que uno necesita para el agradecimiento de todos estos amigos, compañeros de viaje y maestros que han ido alimentándonos de eso que Lorca reclamaba más imprescindible que el pan. Y no hay emoción más jubilosa que el agradecimiento, ese sentimiento tan cercano a la inteligencia y a la amistad. Esa emoción tan prescindible y por eso tan humana, que una vez que se comienza a practicar a uno le gustaría, como con el enamoramiento, que no acabara nunca. Feliz Navidad.


domingo, 25 de noviembre de 2018

MILLONES DE RAZONES EN EL DÍA MUNDIAL DE LA DIABETES


La tribuna
Encontrar soluciones eficaces frente a la diabetes no surge de la nada. Es el resultado de un consenso colectivo, del compromiso y la inversión pública en intervenciones asequibles, rentables, basadas en la mejor investigación científica disponible
Diario SUR Miércoles, 14 noviembre 2018 https://www.diariosur.es/opinion/millones-razones-mundial-20181114194959-nt.html
Hoy día 14 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Diabetes. En el año 2017 casi 450 millones de personas vivían con diabetes. En España, según los resultados del estudio epidemiológico Di@betes, promovido por el ISCIII-CIBERDEM, coordinado desde Málaga, un 13,8% de la población española tiene diabetes y un 15,3% en Andalucía. Debido a la alta prevalencia, la diabetes es responsable de entre el 5-10% del coste sanitario global, debido sobre todo a los gastos farmacológicos e ingresos hospitalarios por complicaciones. La diabetes mellitus tipo 2 se puede prevenir y ambas diabetes, la tipo 1 y la tipo 2, se pueden y se deben diagnosticar precozmente. También hoy ambas diabetes se pueden tratar mediante un abordaje integrado, donde la persona con diabetes se convierte en el verdadero protagonista.
Con la ayuda de la educación terapéutica y de las nuevas tecnologías las personas con diabetes pueden disfrutar de una cantidad y calidad de vida similar a la de la población general, tal como se soñó en 1989 en la 'Declaración de Sant Vincent'. Pero no podemos olvidar que la diabetes sigue siendo un duro reto para el individuo y su familia.
El lema elegido para este año 2018 por la International Diabetes Federation (IDF) es 'Familia y diabetes'. La familia es el 'hogar' donde se gestionan buena parte de los hábitos alimentarios y de salud de las personas, un pilar fundamental a la hora de prevenir la aparición de la diabetes 2. Por otro lado, la familia es la que tiene que hacer frente al gran impacto que supone tener un hijo con diabetes. El tiempo de dedicación de los padres (que a veces incluso obliga a algún miembro de la familia a abandonar su trabajo habitual), los recursos extras en fármacos no financiados o parcialmente financiados o actividades deportivas suplementarias son algunos de los gastos complementarios, sin olvidar que en ocasiones la presencia de una persona con diabetes en la familia puede afectar negativamente a la calidad de vida de los padres y hermanos.
Un estudio coordinado por el grupo de Endocrinología Pediátrica del Hospital Materno Infantil de Málaga, recientemente publicado (CHRYSTAL Observational study), ha analizado las consecuencias económicas de la diabetes tipo 1 desde una perspectiva social, señalando que los 'costes no sanitarios' que soporta directamente la economía familiar: transporte, comidas especiales, actividades físicas extras y cuidados informales –tiempo de cuidadores– en los niños con diabetes exceden a los costes sanitarios directos, la mayoría financiados por el sistema público (4.000 euros/niño y año), ascendiendo en total a unos 23.000 euros por paciente y año. Esto significa que el 83% de todos los gastos relacionados con la diabetes en edad pediátrica los soporta la familia.
Necesitamos una respuesta enérgica y más dinámica, no sólo por parte de los diferentes sectores gubernamentales, sino también de la sociedad civil, las organizaciones de pacientes, los productores de alimentos y los fabricantes de productos farmacéuticos. La diabetes no es sólo una crisis sanitaria; es una catástrofe social mundial. Por todo ello debemos aumentar la concienciación sobre la importancia de llevar una dieta saludable y realizar actividad física, especialmente entre niños y adolescentes, e incorporar ambientes saludables en la planificación urbana. Los profesionales sanitarios de la atención primaria, imprescindibles en las estrategias preventivas, deben disponer de los tiempos asistenciales y los recursos necesarios para desarrollar esta tarea. Están luchando por ello. Encontrar soluciones eficaces frente a la diabetes no surge de la nada. Es el resultado de un consenso colectivo, del compromiso y la inversión pública en intervenciones asequibles, rentables, basadas en la mejor investigación científica disponible. Es todo esto lo que se intenta recordar en este día.
El esfuerzo que han efectuado asociaciones de pacientes (en Málaga, Adima), sociedades científicas de diabetes (SED), de Endocrinología y Nutrición (SEEN), de Endocrinología Pediátrica (SEEP), de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFYC), de Medicina Interna (SEMI) y otras, poco a poco están logrando sensibilizar a nuestra sociedad. Y podemos decir que se están produciendo algunos avances. Tras un largo camino de 'propuestas no de ley' y de 'enmiendas traslacionales', se ha llegado en este mes de noviembre a una propuesta de acuerdo de la Comisión Parlamentaria de Prestaciones, Aseguramiento y Financiación para facilitar los sistemas de monitorización de la glucemia intersticial a adultos tras hacerlo previamente en niños de 4-18 años, destacando que se ha llevado a cabo una regulación con indicaciones precisas, sostenibles para el sistema nacional de salud y para todos los territorios de España.
Este año, el 14 de noviembre nuestro Ayuntamiento y nuestra Farola se vestirán de azul, como otros años y como sucede en todas las ciudades importantes del mundo con sus monumentos más emblemáticos. Este año el Parlamento nacional, además de vestirse también de azul, va a abrir sus puertas de par en par a la diabetes para hacer realidad un encuentro entre representantes políticos, personas con diabetes, sus familias y profesionales implicados en la atención y en la investigación en torno a la diabetes. En el escenario actual de la diabetes, todos estamos llamados a colaborar. La familia está en primera línea, tanto en la prevención como en el tratamiento, necesitando apoyos institucionales, profesionales y económicos para desarrollar este importantísimo papel. Sobran razones. Millones de razones. Tantas como personas con diabetes.
Firman este artículo: María Soledad Ruiz de Adana, médico, Servicio de Endocrinología y Nutrición, Unidad de Diabetes Hospital Regional Universitario de Málaga (Carlos Haya), Juan Pedro López Siguero, endocrinólogo-pediatra, Servicio de Pediatría, Hospital Regional Universitario de Málaga (Carlos Haya), y Federico Soriguer, endocrinólogo, miembro de la Academia Malagueña de Ciencias.


martes, 11 de septiembre de 2018

UNA ACADEMIA PARA EL SIGLO XXI




Diario SUR. La tribuna
FEDERICO SORIGUER
FEDERICO SORIGUER Médico y Miembro de número de la Academia Malagueña de Ciencias

Martes, 11 septiembre 2018

La Academia Malagueña de Ciencias (AMC) fue fundada como Sociedad de Ciencias en el año 1872. Ha cumplido pues 145 años durante los cuales ha formado parte de la vida cultural, social y científica de la ciudad, contribuyendo a este proyecto de todos que es Málaga. La Academia nace en un momento en el que no había en Málaga Organismos Públicos de Investigación (OPIs) y cuando aún faltaban más de ochenta años para que tuviera una Universidad. En estos años, la AMC ha realizado innumerables informes, debates, publicaciones, conferencias, mesas redondas, sobre muy diferentes temas, muchos de ellos controvertidos y complejos, pero de gran importancia para la ciudad. Pero el mundo ha cambiado y Málaga con él, ¡y de qué manera¡ Es por esto que en el seno de la AMC hay en este momento un profundo y sincero debate sobre cuál debe ser su papel en la sociedad del siglo XXI.
Las primeras academias de ciencias fueron creadas en Europa en el siglo XVII y XVIII en momentos del auge de los descubrimientos científicos. Estas instituciones reunían a los investigadores más eminentes, desarrollando sesiones en las que los diferentes trabajos eran presentados oralmente, debatidos y luego publicados. Algunas academias también cumplían funciones de organización y de financiación de las investigaciones. A lo largo del siglo XX la investigación científica se convierte en una 'cuestión de Estado' apareciendo los grandes Organismo Públicos (y privados) de Investigación (OPIs) que en cierto modo liberaron a las academias de aquellas funciones. Es por esto que las academias se han estado reinventado a lo largo del pasado siglo, teniendo entre sus objetivos ser depositarias y administradoras de un gran legado histórico.
Es lo que ocurre en aquellos países en los que la ciencia es una parte fundamental de su acervo cultural. Es el caso de la 'Royal Society' de Londres hoy uno de los grandes centros culturales de la City, la Real Academia de las Ciencias de Suecia, que actúa como tribunal de algunos de los premios Nobel, la Leopoldina o Academia Alemana de las Ciencias Naturales, la más antigua academia de ciencias del mundo y cuya biblioteca contiene cerca de 300.000 volúmenes, o, en fin, la Academia de Ciencias de Francia, que forma parte del Instituto de Francia. Hay muchas otras, pero todas ellas suelen estar ubicadas en edificios históricos, que con su suntuosidad simbolizan el orgullo de esas ciudades y de esos países por su contribución al conocimiento universal. La Academia Malagueña de Ciencias tiene un gran patrimonio cultural en su pasado, en sus archivos y en su biblioteca. Es una obligación de los académicos actuales conservarlo, darlos a conocer y vivificarlo. Ese legado forma parte del patrimonio cultural de la ciudad. Es, como se dice hoy en la jerga un BIC (bien de interés cultural). Pero estamos en el siglo XXI y la AMC debe de redefinir sus funciones. Y en eso está. La Academia Malagueña de Ciencias tiene como uno de sus más importantes objetivos contribuir a la dinamización cultural de la ciudad.
Nuestro país y nuestra ciudad necesitan de personas y de instituciones independientes que sean capaces de colocar a la ciencia como parte de la gran cultura y, también, al mismo tiempo contribuir a que la ciencia se encarne en la cultura ciudadana. Sin cultura científica una sociedad no es culta. Y sin ciencia no se puede generar cultura científica. Es un círculo virtuoso que ya lo explicaba muy bien Don Santiago Ramón y Cajal cuando decía que la ciencia solo puede enseñarla el que investiga o ha investigado. ¡Y quien mejor para hacerlo que estos académicos que han sido designados en un riguroso proceso de selección por su contribución al conocimiento científico!.
La ciudad de Málaga está inmersa en un profundo y exitoso cambio cultural que no puede hacerse de espaldas a la ciencia. Una sociedad moderna necesita de la ciencia. Málaga tiene ya una estructura de organismos públicos de investigación potentes (UMA, IOE, IBIMA, CSIC, IATA, PTM, archivos y museos) la mayoría de ellos, salvo los museos, desconocidos para los malagueños. Tiene también una gran actividad divulgativa con instituciones y organizaciones como el Centro Principia, 'Encuentros con la ciencia', 'La noche de los investigadores', la propia AMC, 'Encuentros del Pimpi', 'Ciencias sin límites' o sociedades como la de Astronomía, por citar algunas de las más conocidas.
La Academia Malagueña de Ciencias (AMC) posee, además, una característica muy valiosa recogida en sus estatutos ya desde su fundación: su independencia. Este es su bien más preciado y lo que le da, junto al prestigio de sus académicos, autoridad a sus informes e iniciativas, que es algo de gran importancia para cualquier institución ya sea pública o privada. Estas y otras muchas son las cuestiones que conciernen en este momento a la AMC. Un viaje apasionante al que están convocados todos los académicos, los de números, los de merito, los correspondientes, los de honor. Y con ellos todos aquellos amigos de la AMC que sabemos que son muchos, pues conocedores de su historia la viven y la sienten como parte de la historia de la ciudad. Al fin y al cabo si la AMC no existiera habría que inventarla. Y eso es lo que la Academia quiere hacer. Reinventarse en el siglo XXI, sobre los cimientos de su viejo y prestigioso legado. Esta es la responsabilidad de los académicos actuales. La situación de la ciencia en España debe mejorar. El olvido de la ciencia en los últimos diez años (¡diez años ya¡) en los presupuestos generales del Estado está hipotecando el futuro de nuestro país. Afortunadamente siempre hubo personas e instituciones que mantuvieron encendida la llama sagrada de la ciencia esperando que algún día la situación de la ciencia en España se normalizara. La Academia Malagueña de Ciencias (AMC) quiere contribuir a mantener encendida esa llama.


domingo, 22 de julio de 2018

POLÍTICA DE ZANCADILLAS


Hoy es inconcebible construir un gran hospital universitario sin un campus científico y docente a él vinculado. Hay además ahora en marcha el proyecto de convertir el cuartel de la Trinidad en un gran museo polivalente
FEDERICO SORIGUER E ILDEFONSO FERNÁNDEZ–BACA Exjefes de Servicio de Endocrinología y Nutrición y de Oftalmología del Hospital Universitario Carlos Haya

DIARIO SUR Sábado, 21 julio 2018, 00:42
https://www.diariosur.es/opinion/politica-zancadillas-20180721181108-nt.html


El pasado 17 de julio ese gran periodista que es Ángel Escalera escribía una columna en la que expresaba su estupor ante la propuesta de la Consejería de Salud para que sea el Ayuntamiento quien decida la ubicación del nuevo hospital de 800 camas. En la práctica eso supondría aceptar que la construcción será en los patios del Hospital Civil. El Ayuntamiento no tardó ni veinticuatro horas en responderle y el 18 de julio SUR lo recoge en primera página: «El alcalde ofrece la parcela del Civil para el tercer hospital y sin contraprestaciones». Hemos formado parte de las comisiones que han elevado a la Consejería de Salud el informe sobre el nuevo hospital, incluido el lugar para construirlo y quisiéramos hacer algunas precisiones. En primer lugar, que no se trata de un tercer hospital como machaconamente desde el Ayuntamiento se insiste una y otra vez. Lo que hay previsto es una refundación del viejo Hospital Carlos Haya (luego renombrado Hospital Regional). El proyecto no es el mejor proyecto posible pero es un buen proyecto. Y lo es porque coge el toro por los cuernos, reconoce la deficiente situación hospitalaria de Málaga y muy en particular la obsolescencia del viejo Carlos Haya e introduce innovaciones dignas de ser consideradas.
Hemos estado más de cuarenta años trabajando en el hospital, de ellos una buena parte en el Civil que era y es el pabellón C del Hospital Carlos Haya. Alguna experiencia tenemos sobre las posibilidades del Civil y no solo por haberlas vivido (entre ellas las anuales inundaciones de sus sótanos) sino también por haberlas pensado, como el mismo alcalde sabe pues nos hemos reunido con él en alguna ocasión para intentar evitar que se construyera en los patios del Civil. Hemos formado parte también de las comisiones técnicas que han elaborado el informe en el que se recomendaba la construcción del edificio que sustituirá al viejo Carlos Haya detrás del Materno, donde hay mucho más espacio que en los patios del Civil. Pero siendo muy importante el espacio no es lo único a considerar.
El proyecto presentado a la Consejería por el 'grupo de expertos' presupone una refundación razonable y modernizada del viejo Carlos Haya, recuperando la relación funcional con el Materno-Infantil, única manera de solucionar la costosísima disfuncionalidad a la que condujeron las sucesivas y no siempre bien planificadas ampliaciones. Pero el proyecto incluye otros asuntos que el Ayuntamiento parece ignorar y que sin embargo son del mayor interés. La previsión es que el Hospital Civil se convierta en un campus universitario científico y docente, vinculado al hospital. Un campus que debería ocupar todo el espacio funcional del Civil y no solo el edificio histórico. Hoy es inconcebible construir un gran hospital universitario sin un campus científico y docente a él vinculado. Hay además ahora en marcha el proyecto de convertir el cuartel de la Trinidad en un gran museo polivalente. Si todos los proyectos prosperan, en pocos años nos encontraríamos con un enorme espacio cultural, científico, docente, universitario y sanitario que iría desde la calle Velarde hasta La Roca. Uno puede imaginar un futuro cercano que cambiaría por completo a la Trinidad y que ayudaría a reequilibrar la ciudad ahora demasiado volcada en el centro.
Los patios del Hospital Civil deberían ser preservados para un uso funcional dentro del futuro campus universitario lúdico-docente-científico-sanitario. Construir ahora en el Civil habiendo muy cerca otra posibilidad mejor, es hipotecar el futuro desarrollo de la zona. El proyecto permite también el manteamiento de los pabellones A y B del viejo Carlos Haya ahora reconvertidos en un 'hospital comunitario', que es sin duda una gran idea, (aunque de alto riesgo por la falta de precedentes), pues podría dar satisfacción al cambio de genio epidemiológico de muchas de las enfermedades prevalentes de nuestro tiempo, así como a las relaciones con Atención Primaria y los diferentes niveles asistenciales, hasta ahora bastante deficientes. El informe, aunque no lo contempla, debe también servir para abrir un debate sobre el futuro de la sanidad pública y en concreto del futuro sanitario de la ciudad que incluya la situación de la atención primaria, del Hospital Clínico y del resto de las infraestructuras sanitarias.
Cuando hemos defendido este proyecto en algunos foros se nos ha dicho que no somos urbanistas y que desconocemos las complejas interrelaciones de un proyecto como este. Es posible que así sea, aunque este tipo de acusaciones también sirven en la dirección contraria, pues un gran hospital no es lo mismo que un gran hotel o un gran supermercado. Igual que la medicina es algo demasiado importante para dejarla en manos de los médicos con más razón podemos decirlo del urbanismo. Pero mas allá de estas obviedades lo que de verdad nos preocupa en este momento es que esta situación comienza a parecerse demasiado al gran fiasco del mal llamado macrohospital de los Asperones, cuya construcción debía de haber comenzado en 2008 y que hoy, diez años después, debería estar ya terminado o a punto de terminar.
En el 2008 los dos firmantes estábamos en activo y un día, pensando sobre el proyecto del nuevo Carlos Haya que la Consejería prometía en los Asperones uno de nosotros comentó que cuando lo inauguren no lo disfrutaremos ya como médicos pero que al menos sí como pacientes jubilados. Hoy ya los dos lo estamos, pero nuestro entusiasmo, nuestra esperanza y nuestra ingenuidad siguen intactas. Aquel proyecto fracasó, dicen, por la llegada de la crisis, pero el proyecto había fracasado ya años antes, por el zancadilleo que se produjo entre la Junta y el Ayuntamiento. Revisar las hemerotecas de aquellos años da ganas, literalmente, de llorar. De nuevo están en juego el prestigio de las instituciones, de la Junta y del Ayuntamiento. Ni siquiera podemos concebir que la historia volviera a repetirse.


lunes, 9 de julio de 2018

SOBRE LA AYUDA A UNA BUENA MUERTE

DIARIO SUR. Domingo, 8 julio 2018

La medicina moderna ha invadido la vida entera desde el nacimiento hasta la muerte. Nada es ya ajeno a la medicina y no parece que esto en el futuro vaya a cambiar
    FEDERICO SORIGUER. Médico y Miembro de número de la Academia Malagueña de Ciencias

Esto es lo que significa eutanasia, buena muerte, aunque la historia haya cargado a la palabra de múltiples significados. Frente a la 'meditatio mortis' de los antiguos hoy la muerte es la gran ausente de las sociedades modernas. Por eso, ante la propuesta de llevar al Parlamento una ley para regular la eutanasia, es muy bien venido el debate iniciado en SUR por tres colegas con los que me unen lazos de amistad y mutuo aprecio. A pesar de que, al menos en dos de ellos, se mantienen posturas muy lejanas, sus argumentos me gustaron y me convencieron. Con esta indefinición lo que quiero dejar constancia ya desde el principio, es mi falta de preparación intelectual para tener una idea clara sobre la cuestión.
Como clínico me he tenido que enfrentar en numerosas ocasiones con la muerte del paciente y en algunas otras con decisiones difíciles sobre cómo ayudarle en ese momento. En muchos de estos últimos me faltaba preparación técnica y, sobre todo entrenamiento moral para saber si estaba haciendo lo correcto. En algunos casos de familiares y en sus casas, la decisión era más fácil, pero en aquellos otros en los que la muerte se producía en el hospital, creo que no siempre hice lo que debía ni como debía. Y es este el primer dilema moral pues lo que es bueno para un familiar debe serlo también para el resto de los pacientes atendidos en un hospital público. Como me recordaba muy recientemente un buen amigo que ha trabajado toda su vida en la UVI: «En algunos casos hemos ayudado a bien morir pero han sido más los que nos hemos dejado llevar por el 'ensañamiento terapéutico'». Algunos lo tienen muy claro y lo fían todo a los cuidados paliativos. «Divinun este sedare doloren», un aforismo atribuido a Hipócrates cuya traducción real es «sedar el dolor es tarea de los dioses» y es aquí en este referencia divina donde ha residido (y aun reside) buena parte del poder de los médicos y de la medicina y también su responsabilidad. Existe una relación estrecha entre poder y responsabilidad.
A mayor poder mayor responsabilidad. En los últimos tiempos a los médicos se les ha ido quitando buena parte del viejo poder y no debería sonar como una denuncia sino como la consecuencia inevitable de que con esta pérdida de poder también muchos médicos se han sentido menos responsables de las consecuencias de sus actos. Los cuidados paliativos acortan casi siempre la vida de los pacientes y por este motivo no fueron inicialmente aceptados por una parte de la medicina. Hoy son esgrimidos como un argumento contra la legislación sobre la eutanasia. Pero la medicina plantea a los médicos retos nuevos constantemente.
¿Qué hacer con aquellas personas que mas allá de los cuidados paliativos han expresado inequívocamente su voluntad de morir, pero no tienen la autonomía física para hacerlo? ¿Qué hacemos con los casos de Ramón Sampedro que llevaba décadas luchando sin éxito en los tribunales para lograr que los médicos lo ayudaran a morir cosa que finalmente consiguió de mala manera el 12 de enero de 1998. ¿Qué hacemos con el caso de Inmaculada Echevarría, quien el 18 de octubre de 2016 pudo cumplir su deseo de morir pero a diferencia de Sampedro atendida por un equipo médico que la sedó y le retiró el respirador? No deja de ser sorprendente que la única diferencia entre uno y otro era que la segunda estaba conectada a un respirador y el primero no.
Vaya por delante que si hoy yo estuviera en activo y me viera en la tesitura de tener que aplicar legalmente la eutanasia, seguramente objetaría en conciencia. Y no porque esté en contra de ella, al menos teóricamente, sino porque no estaría preparado ni moral ni intelectualmente para hacerlo en la práctica. Sin embargo sí quiero estar preparado para solicitarla si algún día (ojalá que no ocurra) me encuentro en una situación sin salida y mis fuerzas y mis esperanzas han llegado al límite y es entonces cuando me gustaría encontrar un sistema sanitario y un médico que me ayude. La medicina ha cambiado tanto que el corpus hipocrático no es suficiente para dar respuesta a toda la complejidad y a todos los problemas que la medicina moderna genera. En las páginas finales del 'Franskenstein' de Mary Shelly, el monstruo maldice a su creador por haberle proporcionado un gran anhelo de felicidad pero no los medios para saciarla. Al final le lanza al Dr. Frankenstein la peor acusación que puede hacerse: «Nadie tiene derecho a crear a un ser al que no le ofrece a la vez los medios para ser feliz». Y este grito del monstruo sirve también hoy para la muerte.
El hombre moderno está solo. Es algo nuevo en la historia. Hoy sabemos que, todos, creyentes o no creyentes, tenemos bajo nuestra responsabilidad la vida y la muerte del hombre. La medicina moderna ha invadido la vida entera desde el nacimiento hasta la muerte. Nada es ya natural. Nada es ya ajeno a la medicina y no parece que esto en el futuro vaya a cambiar. Podemos hacer como que no lo vemos y seguir eludiendo esta gran responsabilidad, que a mí al menos me sobrecoge. Los médicos no podemos refugiarnos en el confort de un pasado que nunca existió ni en una deontología que no es en absoluto unívoca.
En las sociedades democráticas son los Parlamentos, no los técnicos, los que hacen las leyes en representación de todos los ciudadanos, aunque al final será el médico el que en la soledad de su conciencia y con la competencia que le dan sus conocimientos, quien decidirá lo que debe hacer. Nadie ha dicho que la medicina sea fácil.


martes, 8 de mayo de 2018

Sexo y violencia

FEDERICO SORIGUER / MÉDICO. MIEMBRO DE LA ACADEMIA MALAGUEÑA DE CIENCIAS
DIARIO SUR Martes, 8 mayo 2018, http://www.diariosur.es/opinion/sexo-violencia-20180508000526-ntvo.html
Sin reproducción no es posible la supervivencia de ninguna especie. Puede ser asexuada en la que de un mismo individuo (una bacteria por ejemplo) se genera otro igual o muy parecido, o sexuada. En la segunda es necesario un gameto masculino y otro femenino y que ambos se pongan en contacto. Este contacto en muchas especies se deja al azar (por ejemplo la polinización en la plantas) y en otros como los mamíferos la evolución ha previsto un mecanismo de atracción irresistible, el instinto sexual, que acerca a los machos y a las hembras y les induce a copular. En la mayoría de los mamíferos, la atracción sexual y la copulación solo se produce en los momentos de celo o estro, coincidiendo con el periodo fértil de las hembras. En los humanos la atracción sexual tiene lugar a lo largo de toda la vida adulta, independientemente de los momentos fértiles (en la mujer 3 o 4 días cada mes).
Este desencuentro entre sexo y reproducción no es exclusivamente humano, pues también en los primates la actividad sexual tienen lugar en cualquier momento de la vida adulta y no tiene solo una finalidad reproductiva (el caso de los bonobos es el mejor conocido). En los humanos, además, de la mano de la cultura, la sexualidad alcanza un nivel mayor de complejidad, con la aparición del erotismo (equivalente humano a los rituales de apareamiento animal) y la libido, que sería según Freud, una fuerza o pulsión o, según Yung, una energía psíquica, algo parecido al «elan vital» de Bergson, sin los que no podría entenderse la construcción biográfica de las personas. Recordar brevemente esas sencillas ideas es de gran importancia para hacer un juicio sobre el asunto de la 'manada'.
La resolución judicial ha generado un gran movimiento de rechazo, llegándose a poner incluso en entredicho la existencia en España de justicia. El concepto de justicia es como el de libertad o felicidad. Un deseo humano en última instancia, irrealizable en toda su plenitud. La ley es otra cosa. Una cosa muy humana, que lleva a que tres personas, tres jueces, con discrepancias importantes entre sí, tengan que consensuar una resolución «legal». Ya veremos lo que ocurre en las siguientes instancias. Lo sorprendente es que en cada uno de estos tribunales puede haber una interpretación distinta y son estas diferencias de opinión, y las posibilidades de apelación, una manifestación de la independencia de la justicia y de los jueces, más que de su posible arbitrariedad. Pero a mí me interesan otros aspectos sobre los que sí puedo opinar sin atenerme a cuestiones de técnica jurídica que desconozco.
Mi valoración de los hechos tiene lugar en el contexto de la consideración de la sexualidad humana como la consecuencia de un estadio avanzado en la evolución, ese que nos hace humanos. Y como humano me siento avergonzado de este grupo de machos humanos que van de feria en feria buscando mujeres para luego jactarse de los abusos cometidos. Su comportamiento desciende a la humanidad un escalón en la evolución, desprovee al sexo de esa complejidad erótica y trascendente que separa el celo animal de la sexualidad humana, cosifica a las mujeres y degrada a los hombres (varones) a una categoría peor que la animal, pues los animales están sujetos a unas leyes naturales ineluctables, mientras que los humanos inventamos esas leyes. Muchas mujeres mueren aun a manos de individuos como estos y más aún sufren intolerables abusos sexuales como los que hoy se juzgan.
El juicio a estos individuos interpela sobre todo a los hombres que no podemos eludir nuestra responsabilidad colectiva en el mantenimiento de los estereotipos sociales y educativos que permiten, no solo que ocurran estos sucesos, sino que se justifiquen en nombre de sutilezas como la dificultad para demostrar el no consentimiento. Es aquí donde se abre una brecha enorme entre la biología y la cultura. Una brecha que en las actuales sociedades abiertas, paradójicamente, se ha exacerbado, pues liberales en lo político pueden ser paradójicamente antiliberales en muchos otros comportamientos sociales, como en este caso el sexual. Las sociedades abiertas, desprovistas de los instrumentos necesarios para reprimir las pulsiones biológicas que todos llevamos dentro (la pulsión sexual es la más perentoria pues en ella basa la evolución la supervivencia de la especie), se muestran incapaces para refinar a muchos de los bípedos que aun no han aprendido a gestionar adecuadamente la sexualidad, la pulsión erótica y la libido. Esta función la cumplía antes la religión, que apenas si consiguió algunos éxitos, antes de que el rechazo del erotismo en nombre de unas inexistentes leyes naturales de la sexualidad humana la llevara al fracaso. Pero nada ha sustituido ahora a la religión en la 'represión' de los impulsos biológicos, fundamento ultimo de cualquier empeño moral y educativo.
En las sociedades abiertas, sorprendentemente, en vez de negar la naturaleza humana, como correspondería a una sociedad más civilizada, la pregona, como antes hacia la religión, en nombre de una libertad sexual sin atributos, hasta el extremo de que en su seno pueden campar a sus anchas jaurías humanas, como esta en lo sexual (o las otras en el fútbol). Esta vuelta a la naturaleza es lo que a mí me sorprende pues el humano lo es porque abandonó el estado de naturaleza primigenio y la sustituyó por el estado de la cultura (en nada natural). Un paso enorme e irreversible, pues no tiene vuelta atrás, entre otras cosas porque la evolución nos liberó de los mecanismos de autocontrol de los instintos básicos, dejándolos a la discreción de la educación social, moral y cultural. ¿Significa esto una cierta nostalgia de la represión moral? Tal vez, aunque no a la manera que algunos puedan pensar. Pero aclararlo nos llevaría demasiado lejos, por lo que espero del lector su benevolencia.


domingo, 1 de abril de 2018

Fábula del sapito

 FEDERICO SORIGUER / MÉDICO. MIEMBRO DE LA ACADEMIA MALAGUEÑA DE CIENCIAS.
DIARIO SUR. Domingo  de Ramos, 25 marzo 2018, 
La próxima guerra mundial será sobre el agua, dicen quienes como los buenos economistas son expertos en predecir el pasado. ¡Es la geografía, estúpido!, dicen los geógrafos que siempre han tenido los pies en la tierra, por eso son geógrafos y no astrónomos. Hay sitios donde llueve y sitios donde no, o lo hace escasamente. Así es la lluvia. No hay que ser tan listo. ¡Es el antropoceno!, dicen todos los que habiendo encontrado un nombre nuevo para un viejo problema se sienten liberados de buscar soluciones. Sin aire solo se sobrevive unos minutos. Sin agua, unos días. Sin comida, un par de meses. Hoy cuando aún el problema del hambre en el mundo no se ha resuelto el aire comienza a ser irrespirable en algunas ciudades y está el asunto del agua, del que hoy hablamos porque llueve. Demasiada gente, demasiado consumo, demasiado despilfarro, para tan poca agua.
Por aquí en el sur, tan cerca del desierto, cada vez que deja de llover nos estresamos. Es el estrés hídrico, un nuevo síndrome bien conocido en las plantas pero poco aún en los humanos. Uno termina con el corazón en un puño cada vez que escucha a hidrogeólogos, ingenieros, botánicos, geógrafos, hablar sobre el agua en los debates de la Academia Malagueña de Ciencias. Saben de lo que hablan. Llevan razón cuando denuncian que solo nos acordamos de San Pedro cuando truena. Las sequías hay que solucionarlas cuando llueve, dicen con la razón del gato escaldado. Hoy llueve y de nuevo todos respiramos aliviados. Mañana será otro día. Pero no hay vida sin agua. Ni hay calidad de vida sin calidad del agua.
Un hombre de 70 Kg si lo exprimimos obtenemos de él unos 45 litros de agua. Y en un recién nacido casi el 80% del peso de su cuerpo es agua. Eso somos. Una solución acuosa de polvo sideral al que la evolución le ha dado un poco de complejidad y un mucho de misterio metafísico. Por eso aunque esté raso estamos casi siempre en las nubes y por eso no acabamos de creernos lo de la sequía. Al final siempre llueve, dicen los optimistas. Como ahora que no para de llover. Cinco, seis días seguidos, ya, cuando escribo esta Tribuna. ¡Cómo no alegrarnos de que llueva! ¡Cómo no sobrecogernos con la falta de lluvias! Pero hoy llueve y es lo que importa y de nuevo respiramos hondo y sentimos que nuestros sentidos se hidratan.
Hace muchos años un prestigioso biólogo andaluz andaba por Doñana en los meses de lluvia y se encontró con un sapo viejo y enorme. Lo metió en una bolsa, lo fotografió, lo pesó, lo midió y le dio un beso que es lo que hacen los biólogos en los cuentos con los sapos, antes de que se conviertan en príncipes o princesas. Unos meses después, en pleno agosto, en la Subbética, oyó un ruidito en el interior de su viejo 4L amarillo. Su mirada atenta descubrió debajo del asiento una ranita. No tardó mucho el joven científico en relacionarlo con el viejo sapo de Doñana que había viajado escondido en su coche por todas las sierras y desiertos andaluces y que para sobrevivir a la canícula se había enjugado hasta hacerse casi irreconocible. Bastó echarlo en una charca para que se esponjara, recuperando su impresionante aspecto.
De nuevo me he acordado de esta historia ahora que llueve, porque a muchos nos pasa como al sapo de Doñana. Menguamos cuando llueve y nos expandimos con la lluvia. Pero es solo psicológicamente pues no tenemos los recursos para sobrevivir que tienen los sapos. Solo unos días sin agua aguantamos. Pero tiene que ser, además, potable. Hubo un momento, quizás hace 100 quizás 200.000 mil, quizás más (ahora que nuestros antepasados neandertales de Ardales están comenzando a hablar), cuando los homínidos comienzan a ser humanos, que la aparición de la cultura cambia el ritmo de la evolución humana. Ya nada volvería a ser igual. En vez de adaptarse al medio como hacen aún el resto de las especies, los humanos comienzan a adaptar el medio a sus necesidades mediante la tecnología. Un centauro ontológico le llamó, con razón, Ortega. Al principio el equilibrio debió mantenerse pero los humanos se convirtieron pronto en una especie insaciable. Nunca bastante ha sido suficiente. Y no nos ha ido mal hasta ahora. Al menos a algunos. Al menos como especie. Pero todo tiene un límite.
Con una fe ciega en la providencia, divina o no, hemos ignorado que los recursos de la Tierra son limitados y que la pérdida de la calidad de estos recursos es irreversible, algo tal vez disculpable en nuestros abuelos pero imperdonable para el hombre de hoy, pues es algo que se conoce desde que Clausius y Boltzmann en el siglo XIX desarrollaran las leyes de la entropía. Y de todos los ciclos de la naturaleza el del agua es de los más frágiles. El agua es un regalo del planeta Tierra sin la que no hubiera sido posible la vida. Discurre por el interior de nuestros cuerpos como lo hace por los ríos subterráneos que van a parar al mar y de allí vuelta a empezar. No ha sido otra cosa desde el comienzo de los tiempos. Pero los ciclos parecen estar cambiando.
Somos demasiados y no tenemos límite para nuestras necesidades. Toda la esperanza, ahora, como siempre, la tenemos puesta en la tecnología. No hay alternativas. Como la gravedad, la tecnología nos mata pero también nos salva. Pero deberíamos ejercer la virtud de la prudencia esa que ya Aristóteles equiparaba a la inteligencia. Parece el destino de los humanos vivir siempre al borde del abismo. ¿Es que no hemos aprendido nada de los sapos? Al fin y al cabo ellos ya estaban aquí cuando nosotros llegamos. Y, probablemente, seguirán estando si faltamos.